Un verdadero cuento de hadas

REINALDO CHACÓN

A priori, el título de este artículo puede parecerles un eufemismo con respecto a la película. Sin embargo, si ahondamos un poco en este concepto, un cuento de hadas es un término utilizado coloquialmente cuando una historia está vinculada con princesas y finales felices. Estos dos términos han transmutado sus concepciones en este naciente siglo. Desde la percepción de la belleza, la tolerancia social en todos sus ámbitos, las nuevas perspectivas y estrategias del manejo de las emociones, emerge una visión de sociedad que coloca un reto a los hábitos consagrados. Y si a esto le agregamos el ingrediente feminista como movimiento en pro de validar derechos y no de invertir roles, obtenemos una conclusión puntual: empoderamiento femenino.

Sin caer en un ejercicio que debata esta realidad (existen múltiples ejemplos en el universo literario folclórico que coloca a la mujer como eje central de la narrativa de valores: leyenda de Hua Mulan, canto chino compuesto en el siglo VI) el ahora verdadero cuento de hadas es donde las princesas -mujeres empoderadas- construyan la determinación para conseguir su final feliz. De eso trata la película de Joachim Trier, The Worst Person in the World (2021) la cual narra cuatro años en la vida de Julie, una joven que llegando a los treinta se encuentra en pleno desastre existencial. Desperdiciado parte de su talento por malas decisiones, en poco tiempo rompe con su novio Aksel, un exitoso novelista gráfico, para embarcarse en una nueva relación con el joven Eivind a quien conoció en una fiesta en la que se coló un día. Sin embargo, la nueva rutina le permitirá darse cuenta que su vida debe tomar el camino de las perspectivas y horizontes que abandonó en un principio.

Este inteligente homenaje a la indecisión y la calma centra su foco en el equilibrio de la vida, esa que, a pesar de la incomodidad de los extremos, requiere de ellos para continuar su cauce para bien o para mal. Y es que en medio de los intentos de las nuevas generaciones por realizar cambios en los paradigmas sociales, este film viene a ser, más que una lectura reflexiva de lo conseguido, una expresión de lo aplicado. El nuevo y verdadero cuento de hadas no es solamente la modificación de roles y valores. Además de la determinación y carácter de la princesa en la búsqueda de su verdad emocional y sentimental, se debe deconstruir la creencia que fija el fin último en el encuentro con el príncipe idealizado. La felicidad lo establece cada individuo, cada visión de vida, no los cánones estructurados por tu contexto social. El objetivo es ser feliz con lo que se quiere lograr y hacer, muy a pesar de la “pérdida” de los príncipes con quienes no fuiste al castillo. La utilidad del individuo en su vida es el logro, y eso, en nuestro actual mundo, nos hace ser la peor persona del mundo. Una poderosa premisa convertida en estructura fílmica gracias al guion del propio Trier con Eskil Vogt.

El estudio del personaje por parte de Trier, consigue la construcción elegante y meticulosa de los eventos que requiere para su desarrollo de conflictos. Ese eje demuestra la habilidad del director para manejar los cambios de tono, la utilización de la comedia y la emotividad del drama en la edificación de los arcos emocionales de Julie sin perder la estructura y visión narrativa. Un discurso que, más que una evocación simbólica de lo visual, es una visión hedonista del personaje. El intimismo con Julie es lo que enriquece el tratamiento cinematográfico. Sin necesidad del uso de herramientas como el narrador omnisciente todopoderoso, o la primera persona del personaje contando su historia, Trier formula el film como un ejercicio de teatro: las locaciones son meros momentos ocasionales como partes de un contexto que fomentan la emocionalidad de lo que importa: los personajes, sus reacciones, sus expresiones, sus silencios.

Por reciprocidad, un film enfocado con tanto ahínco en su personaje, requería de una actriz con competencias particulares, especialmente asumiendo el reto de convertirse en el reflejo del empoderamiento femenino en nuestra era. Renate Reinsve cumplió a cabalidad con todo ello. No es gratis que en una entrevista sobre el film adjudicara su trauma de crianza y sufrimiento de estrés postraumático, después de los hechos ocurridos entre sus 9 y 16 primeros años de vida, como la inspiración para asumir este rol. Y sí, le sirvió de mucho: Ganó el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes, y ha sido nominada en la misma categoría por la Asociación de Críticos de Los Angeles, los Premios de Cine Europeo y Premios BAFTA.

Nominada a dos Premios Oscar (Mejor guión original y Mejor película internacional) cierra un ciclo excepcional en la carrera de estatuillas y reconocimientos. Catalogada como una de las mejores películas extranjeras del año para la National Board of Review, ha vivido un verdadero cuento de hadas, especialmente por la exposición y recepción de un público en proceso de transformación y aceptación.

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