Asfixiante vida

REINALDO CHACÓN

Oxigeno (2021) de Alexandre Aja, cuanta la historia de una mujer que despierta en una unidad criogénica médica. No recuerda quién es ni cómo ha terminado encerrada en una caja no más grande que un ataúd. Mientras se queda sin oxígeno, debe reconstruir sus recuerdos para escapar de esa pesadilla.

Íntima y unipersonal, es otro de esos films que nos muestran que la ciencia ficción yace por encima de los efectos especiales. El universo de la imaginación no posee límites, y es allí donde debe impactar este género.

Sin más que una única locación, lo demás es pantalla verde y computación, la historia se maneja mucho más tiempo por fuera de ese espacio, desarrollando temas que se van agregando y complejizando su trama a medida que el oxigeno se va acabando. Metáfora de vida en todo su metraje, pasa desde el nacimiento, reconocimiento, identidad, conflicto, agonía, duelo, hasta llegar a la muerte de la aceptación de quién es. Todo dentro de una atmósfera que juega con el elemento principal para mantener en funcionamiento la vida.

Con un impactante inicio, jugando en la claustrofobia de una suerte de vientre, y con una cámara que no limita su movimiento ni angulación en el espacio, como si fuera una endoscopia, el film viaja por etapas psicológicas del entendimiento. Estados de ansiedad, terror, miedo, felicidad, duda, escepticismo, entre muchos otros, son los que el personaje de Mélanie Laurent debe afrontar en menos de 2 horas de metraje desprovista de otros actores. Un ejercicio osado y arriesgado que ella consigue como si fuese el día cualquiera. Por tanto, dada la dependencia que es para la historia, dictamina el tono y ritmo del film. No por la obviedad de ser el personaje que impone la narrativa de la historia, sino por ser quien establece las etapas que debemos sentir los espectadores en todo ese tiempo encerrado, física y mentalmente.

Un tenso thriller que impacta desde el principio, especialmente en su conflicto primicia, pero que luego se va ahogando y perdiendo fuerza a medida que va revelando sus secretos, muchos de los cuales no son sorpresivos. Y es que varias de sus lecturas metafóricas, visuales y narrativas, no funcionan a cabalidad. El ingenioso tratamiento simbólico de las formas y colores, atrae, pero entorpecer las reflexiones finales que también se abultan. Un pequeño exceso que hace perder el control del discurso principal.

Minimalista por definición de concepto, es un film que tuvo más que ofrecer dentro de su potente empaque. Fortaleciendo el hacer ciencia ficción sin mucho alarde tecnológico, empieza a colocar la vara del año un poco por encima del estándar flojo con que comenzó. Y aunque se quedó sin oxigeno al final, ofreciendo la vida a sus personajes por mera necesidad de terminar con esperanza, cierra ese circulo de O2 sin forzar la barra.

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