Volver a Gibara

TRAS UN SILENCIO QUE OBLIGÓ LA COVID-19, EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE GIBARA ABRE LAS PUERTAS DE SUS SALAS Y ESPACIOS

Robert Andrés Gómez

GIBARA (provincia de Holguín, Cuba) podría ser el lugar de lo real maravilloso. Una extensión del “Paradiso” de Lezama Lima. Ha sido y es un lugar de cine. Un lugar de cine permanente que comenzó como Festival de Cine Pobre de la mano del realizador Humberto Solás (Lucía, Cecilia, Un hombre de éxito) y cuya batuta se encuentra en la actualidad bajo la guía del actor Jorge Perrugorría y la dirección de Sergio Benvenuto Solás. Fundado en 2003, el certamen ha conseguido sobrevivir a la ausencia de su mentor, a las crisis económicas y también sanitarias. Tres años de silencio ha durado el confinamiento cultural que la Covid dejó en sus linderos y que a partir del 2 de agosto y hasta el día 6, dejará atrás esos días y volverá a contar historias desde la pantalla, desde los escenarios, desde sus calles.

Antes Festival de Cine Pobre y ahora Festival Internacional de Cine de Gibara, su director Sergio Benvenuto Solás subraya las dificultades para volver a ese espacio geográfico y cultural.

“El contexto cubano es doblemente complejo. Primero porque la COVID nos colocó como a todos en una circunstancia que se traduce en tres años de ausencia. Tres años de ausencia para un festival de cine que no se encuentra en la primera línea, pero que tiene una singularidad multicultural que ha generado un arraigo comunitario, no es un retorno sencillo. No obstante, esa singularidad es una circunstancia que lo hace profundamente llamativo y provocativo. Un festival que ha sido reclamado por esa comunidad y que se enfrenta, tras estos veinte años de historia a un nuevo proceso de creación y realización más largo y profundo que lo anterior”.

Gibara es un espacio cinematográfico pero también un espacio para la confluencia de todas las artes: la música y las artes plásticas entre ellas. Es un espacio para rendir homenajes a Mario Limonta y Mario Balmaseda, pero también a Nelsón Rodríguez Zurbarán (recientemente fallecido en 2020), editor y director de cine, especial colaborador de Humberto Solás.

“Me viene a la mente que llevamos 20 años teniendo foros de discusión sobre la producción y creación cinematográfica. Cuando surge Cine Pobre, América Latina comenzaba a transitar la posibilidad de hacer cine digital. Arturo Ripstein, Eliseo Subiela y Humberto Solás estaban en ello. Habían comenzado a usar cámaras digitales para abaratar la producción. Las distribuidoras, productoras, exhibidoras; las empresas relacionadas con el cine fueron sorprendidas en esa nueva realidad propuesta por el Dogma 95. Con ello se abría también una nueva oportunidad para los festivales alternativos, y la posibilidad de inicidir en la democratización del cine. De alguna manera se abrió un proceso más inclusivo que sigue siendo vigente en Cuba o España. Que ofrece oportunidades importantes para los realizadores de cortometrajes y medir fuerzas que te permitan rodar un largo”.

Para Benvenuto Solás, los festivales siguen siendo una plataforma de proyección y distribución alternativa, un espacio en el que Gibara pretende ser una opción; aprovechando su perfil y su posición en ese territorio. Subraya el vuelvo y la apuesta que Perrugorría ha dado, buscando un punto de apoyo en las propias raíces del certamen, que le impulse hacia el futuro.

“Volver a Gibara, volver al cine está relacionado con una idea de Jorge (Perrugorría) quien en ese contexto de ausencia, ha relacionado el momento a los inicios de Cine Pobre. Un momento puro en el sentido de las competencias, que permitió visibilizar a los cineastas y un contexto similar ahora, en la actualidad, que muy a pesar de la crisis económica, al menos el fondo cubano de proyectos ha permitido que nuestros cineastas puedan seguir rodando, que el cine pueda conservar sus espacios -una suerte que ojalá pudieran tener otras artes y sectores-, y que Gibara y Cine Pobre puedan proyectar eso. Que podamos reflexionar y teorizar sobre ello. Y desde allí volver a nuestra esencia«.

Gibara es el lugar donde Humberto Solás rodó Miel para Oshum -protagonizada por Perrugorría-, y posteriormente fundaría el certamen de Cine Pobre. Ahora, en su edición número 16, el evento tiene una oportunidad para revisitar su historia pero ir a más. «Volver a Gibara me provoca una emoción muy especial. Una emoción que vives ya desde el proceso de selección. Pero también al recordar la propia historia del certamen, desde los inicios hasta ese momento en que el equipo fundador se retira y que luego cambia cuando Perrugorría decide salvar el festival. Un proceso que se consolida entre 2018 y 2019 pero que luego la Covid deja en suspenso. Es un arco que comprende el cambio de nombre y que ofrece la posibilidad de ir más allá de Cine Pobre y abrir el diapasón que se pone a prueba en el proceso curatorial. Así qué volver a Gibara tiene una nueva emocionalidad, donde las personas que se incorporan van generando un nuevo vínculo afectivo con el proyecto. Siento que ahora iniciamos una nueva década. Y aunque esta vez no hicimos una convocatoria muy larga, creo que está por ocurrir un salto con gran equilibrio dentro de la historia del certamen«.

Adiós, idiota de Albert Dupontel (Francia, 2020), Papicha, sueños de libertad de Mounia Meddour (Argelia, 2019), Para amarte mejor de Denise Bouchard y Gilles Doiron (Canadá, 2019), Curral de Marcelo Brennand (Brasil, 2020), Libertad de Clara Roquet (España, 2021), La espuma de los días de Fernando Timossi (Cuba-México, 2019), Cuentos de un día más film multidirigido por Rosa María Rodríguez, Alan González, Carolina Fernández Vega Charadan, Yoel Infante, Katherine T. Gavilán, Sheyla Pool, Eduardo Eimil (coordinador general: Fernando Pérez) (Cuba, 2021), La mancha negra de Enrique García (España, 2020) y The Goldfish de Alireza Golafshan (Alemania, 2019); son los films que dan forma a la Sección Oficial, que también comprende el apartado para cortometrajes dentro de su programación general.

«Sin duda con todo lo que nos quejamos de los límites y dificultades que hay con el cortometraje, sigue siendo importantísimo seguir trabajando. Es la manera de debutar y adquirir experiencia, aunque su distribución sea muy difícil. Es importante para nosotros, que estamos en otra escala, poder ofrecer la posibilidad de que se construyan los nexos necesarios de un encuentro como este para seguir adelante, rodar nuevos cortos o incluso saltar al largometraje».

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