Confesiones antes del amanecer

Robert Andrés Gómez

Mike Flanagan se ha convertido en uno de los activos más relevantes para Netflix. Proyectos como El juego de Gerald (2017) y particularmente La maldición de Hill House (2018) marcaron el comienzo de  una fructífera relación que ha continuado con La maldición de Bly Manor (2020) y Misa de Medianoche (2021); y que seguirá con La caída de la Casa Usher (2022).

A Flanagan, su pasión por el fantástico y sobrenatural parece venirle de origen (Salem, Massachusetts. 1978). Si su relación con Netflix ha sido fructífera, su filmografía previa ha sido más que elocuente. Desde Ghost of Hamilton Street (2003), pasando por Absentia (2011), Oculus: el espejo del mal (2013), la agobiante Hush (2016) y finalmente Doctor Sueño (2019), secuela de la legendaria El resplandor (film de Stanley Kubrick y texto de Stephen King).

Si en el cine, su enfoque no da tregua al espectador más joven, apelando a la métrica de la que suelen gozar los blockbusters; en televisión, su mirada apunta a otros espectadores, más proclives tal vez, a ese tono introspectivo, pausado, reflexivo y dialéctico que recorre su narrativa en la “pequeña pantalla”. No obstante, al igual que en el cine, sus personajes no pueden eludir la fatalidad que les amenaza.

En sus historias serializadas, con inspiración literaria absoluta, la melancolía manda por encima de cualquier otra emoción y/o espíritu. La tristeza y la incapacidad para superarla o en el mejor de los casos, burlarla o aceptarla, abraza como un sino inexorable a sus criaturas.

La estructura circular de sus relatos forma parte de ese entramado del cual parece imposible escapar y que subraya a cada tanto en un tramo a mitad de camino entre el principio y el final. Un punto medio, tenebroso y fascinante que suele alcanzar -hasta ahora-, en el Episodio 5 de cada uno de sus proyectos, sea porque es allí donde se encuentra ese punto máximo de ascenso y que ya parece convertirse en la marca de casa. Sea porque es el mejor momento de revelación para el beneficio de los personajes y el convencimiento del espectador.

La mujer del cuello roto en La maldición de Hill House, El altar de los muertos en La maldición de Bly Manor y Santo Evangelio en Misa de Medianoche encierran ese momento en el que se sellan los destinos de los personajes.

Deudor de sus textos precedentes, The Haunting of Hill House de Shirley Jackson y Otra vuelta de tuerca de Henry James; y Misa de Medianoche que “bebe” literalmente de todo relato vampírico; Flanagan no sucumbe del todo a ellos,  reservándose momentos de notable virtuosismo y sensibilidad que elevan el sentido y sus intenciones de y en lo narrado. Para más señas, el episodio seis en La maldición de Hill House o el episodio 4 en Misa de Medianoche; a la fecha el más confesional -también literalmente-, de sus trabajos.

De allí, que sin faltar al género que sostiene el relato, Flanagan pasa página para adentrarse en otros territorios. El de sus personajes atrapados en un espacio emocional y geográfico que les ancla y limita sus acciones. El de personajes que irremediablemente no pueden escapar a un destino que terminan aceptando con resignación, en medio de un inesperado estadio de tranquilidad. De uno en uno, cada personaje repasa su historia, explora y procura expiar los pecados acumulados. Imágenes fantasmagóricas y otras tantas teñidas de un espíritu bíblico coexisten dentro de ese marco tan lóbrego como sobrecogedor.

Esta vez, Flanagan se aparta del susto todo lo posible permitido, para además, explorar ese universo tan contemporáneo y quizás más aterrador, como el de las sectas obsesionadas con su verdad, su ortodoxia, su canon -¿ecos de Salem y aquellas brujas?-. También con su propia autodestrucción.

Puede que en Misa de Medianoche, el empaque que otorga el género contraste en gran medida con el relato que finalmente termina emergiendo. Sin embargo, una vez más, el escritor y director (que ha coescrito algunos episodios junto a Teresa Sutherland, James Flanagan, Elan Gale, Jeff Howard y Dani Parker) consigue construir un relato de amor familiar y al fantástico; que bordan en gran parte del camino Zach Gildford, Kate Siegel, Hamish Linklater y Samantha Sloyan.

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