Un naufragio a voluntad

REINALDO CHACÓN

Hay muchos films que nos han llevado a experienciar los retos que emergen de perder a seres queridos, y tener que vivir bajo un duelo que no sabemos como afrontarlo. Y la decisión de retraerse de la sociedad, como vía de escape para olvidar, es también un tema que podemos encontrar, aunque no con tanta facilidad. Sin embargo, la decisión de apartarse a la voluntad en pro de aprender a superar esa pérdida, al menos para mi, es una visión que aún no conocía su relato.

Land (2021) es un film que narra la decisión de Edee, que luego de una serie de inesperados acontecimientos, pierde la habilidad de conectarse con el mundo y la gente que una vez la rodeó, por lo que se retira a un bosque en las montañas rocosas con unos pocos víveres y sin contacto humano.  Pese a que la belleza de su nuevo hogar es incontestable, Edee sufre para lograr ajustarse a su nueva vida y especialmente al duro invierno que le espera a la vuelta de la esquina. Un día es descubierta al borde de la muerte por un cazador local que logra salvarla, aunque su mayor reto llegará cuando trate de volver a aprender a vivir de nuevo.

Desprovista de diálogos en gran cantidad del metraje, este film rompe con una generación que le huye al silencio, y olvida su poder cinematográfico. Un síntoma de seguir la verborrea que la era de las series ha infiltrado en la industria del cine.

Siendo el debut de Robin Wright en la dirección, elige bien al ir cónsona con la intensión de un guion más descriptivo que verbal, viéndose en la necesidad de conseguir una dinámica que va más allá de conseguir cantidades de planos que puede haber en una casa o un terreno. Es un viaje que nos sumerge dentro de las emociones de estar perdido y tomar la voluntad de asumir retos para los cuales no se está preparado, pero con la confianza de verla como una sanación espiritual. El discurso que se debe construir a partir de allí, no se resuelve sino congeniando emociones dramáticas de expresiones con imágenes del ambiente. Una disciplina cinematográfica no muy sencilla.

Aunque el film hace aguas en su protagonista, que es la propia Robin, tal vez una variable a considerar para su próximo film. Sin conseguir conmover, vemos una convencional actuación que se desvincula de la singularidad del emplazamiento de los planos diseñados. Y acompañando a esta desatención, el trabajo musical tiende a invadir en gran medida esa intención principal de silencio que se propuso desde su introducción. Y es increíble como estos dos elementos hacen descender varios escalones a un film que cuenta con un discurso cautivador a pesar de ir contracorriente con los estilos actuales. Que, sin dudas, es su mayor valor, especialmente para un debut.

Poderosa en su premisa, es otro de esos films que pudieron ir más allá. Y aunque lamentablemente no la veremos dentro de la temporada de premios (creo que tiene espacio para ser mencionada), hay una inteligencia narrativa que cautiva y nos hace colocar, en ese corcho del recuerdo, una alerta a la espera de un próximo trabajo que muestre una evolución que pinta más que interesante.

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