El alimento como base del progreso

En el Top 10 a las mejores películas del año del National Board of Review (edición 2020)
y Mejor película del Círculo de Críticos de Nueva York (20209

REINALDO CHACÓN

Empeñado como solamente ellos saben hacerlo, el cine norteamericano a creado su sello narrativo para enaltecer su progreso, desde la figura del ferrocarril, como parte de un interés por potenciar su industria en base a su historia. Este símbolo ha quedado tan marcado, incluso por aquellos que no vivimos allí, como elemento fundamental del adelanto tecnológico y científico, que las historias sobre tiempos anteriores tienen un contraste que destaca la barbarie y la miseria como características de una sociedad rebelde y salvaje que aún se estaba fundando.

Sin embargo, en este 2019, la directora Kelly Reichardt, ha tomado la decisión de ser un lunar frente a este panorama. No quiere esto decir que sea pionera en ello, pero si desempolva una visión poco activada en muchas décadas que termina por mostrarnos que el pensamiento industrial y mercantilista, generado por la transformación del nomadismo al sedentarismo, siempre estuvo allí, sin la necesidad imperiosa de unos pocos por implantarnos esas ideas.

First Cow (2019) narra la historia de un cocinero, contratado por una expedición de cazadores de pieles, en el estado de Oregón, en la década de 1820, y de la de un misterioso inmigrante chino que huye de unos hombres que le persiguen. Una amistad formada entre dos hombres que intentan sobrevivir, económica y humanamente, en un mundo brutal y agresivo que no los identifica.

No hay duda que Kelly no se pudo deslastrar de una historia contada por años, que además de ser realidad, está asentada en el espectador. No obstante, basándose en la novela de Jonathan Raymond, logra un vuelco discursivo que construye un melancólico western potenciador de otras virtudes que no requieren del ferrocarril como elemento de transformación mental, si no el de la primera vaca de un poblado.

Es el alimento el catalizador de este film. Pasando de la recolección, donde la proteína vegetal era lo más accesible para la mayoría de una sociedad que aún se asentaba en un salvaje territorio, la llegada de este animal termina por torcer la cabeza de estos dos personajes. No hay cosechas, pero si gallinas y cerdos. Una precaria y muy rupestre economía, como sus casas, de un poblado que se va levantando lentamente. La obtención del alimento, su calidad, su preparación, su presentación, va rigiendo el avance de los personajes hacia las clases altas, aquellas que solamente pueden tener la dicha de disfrutar de la abundancia, la variedad y el sabor. De las frutas a los pescados, a la leche, el aceite y la miel, el refinamiento culinario va complejizando la vida de estos seres que solamente por medio del hurto pueden obtener este incremento social.

Kelly, fiel a la época que cuenta, construye un discurso taciturno y minimalista que poco se modifica, como la vestimenta de sus personajes, para relatar una historia de mercado, oportunidades y viveza, inmerso dentro de la inocencia. El progreso para el pobre, nace de su necesidad primaria de comer, y aprovechándose de la ingenuidad de esa sociedad, transmuta en un comerciante hábil, mañoso, ladrón y ambicioso, que termina siendo consumido por lo que no puede controlar. La multiculturalidad en el film, logra cortar ese feudo americanista de la iniciativa, y postra en otras culturas esa chispa para conseguir en ese territorio, que lo tiene todo, la búsqueda falsa de la fortuna como único medio para no mantenerse en el conformismo de ver pasar la vida.

A pesar de su potente fondo argumentativo, donde la visual es tan plausible como su vestuario, intenta pasar la barrera de los lobbies de los premios y festivales para sobrevivir en las vitrinas. Y aún siendo uno de los mejores films vistos el año pasado, se va quedando entre las sombras de trabajos independientes con mayor músculo, y ni que decir de las grandes productoras.

Lástima que este sea otro gran film que no cautiva a las líderes de los movimientos feministas dentro de la industria. El argumento cinematográfico, cauteloso, relevante, y hasta reflexivo, no pasa aún la barrera de la aceptación para ser bandera. Sigue prevaleciendo la necesidad de las luces brillantes para intentar su búsqueda.

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