Cielo de medianoche a nocturno

George Clooney retorna a la Ciencia Ficción en este film que protagoniza y dirige

REINALDO CHACÓN

La decisión de cuándo realizar una obra, evaluando el contexto humano, artístico, pero también de referencias cercanas, es parte de la industria. Este último apartado tiende a ser egoísta e injusto si vienes trabajando en una obra que tiene la mala suerte de ser desarrollada en medio de ideas tan similares. Y esto es lo que le ha ocurrido a The Midnight Sky (2020) de George Clooney, quien vive bajo la sombra referencial de muchos trabajos anteriores con temáticas análogas. Desde Gravity (2013) en su concepción de eventos infortunados en el espacio que obligan al retorno, pasando por Interestellar (2014) y The Martian (2015) en la búsqueda de un planeta en nuestro sistema solar que salve a la raza humana, hasta llegar a Ad Astra (2019) en el relato espacial del viaje que encuentra al padre para el crecimiento personal, la obra de Clooney claudica muy tempranamente en su metraje por relatar lo que consecuentemente, en menos de 10 años, hemos venido frecuentando de este género.

En la actualidad, todo film a realizarse tendrá el peso de muchas historias anteriores que se asemejen al que deseas narrar, pero si la construcción visual y discursiva tiene estas referencias tan predominantes en el plano, y el espectador tiene tan fresco ese lenguaje, sin duda que no podrás sobrepasar la barrera de lo reconocido para que el fondo del tema sea lo destacable. Y es que, si colocásemos este film antes que cualquiera de estos otros, tendríamos una perspectiva crítica muy diferente. Cosa imposible a su vez, pues sin estas referencias el film no se hubiese realizado de igual manera.

Y a pesar de tener claro el discurso visual a “copiar”, Clooney no potencia el trabajo de la novela de Lily Brooks-Dalton, construyendo personajes planos con transformaciones casi inexistentes en un genero que obliga a la reflexión interior y su cambio determinístico del presente.

Dividida en dos momentos, el film se desequilibra constantemente al pasar de una tensión personal, introspectiva y hasta climática que vive Augustine (personaje de Clooney) como posiblemente único ser viviente de un planeta moribundo, frente a un viaje espacial frío en el exterior e interior de la nave que salvará a la raza humana. La “roboticidad” de eventos, reacciones, emociones y añoranzas que esta tripulación nos cuenta, desvincula por completo las necesidades dramáticas que el doctor vive solitario en su mundo. Dos historias que son enlazadas por un final esperado, poco emotivo y empático que se convierten en el descalabro final que el film venía desarrollando.

Con inclinación descendente desde el principio, ni el buen trabajo de efectos especiales salva una obra que ha podido dar mucho más por la potencia temática y discursiva que subyace en la aproximación superficial de la obra de Brooks-Dalton. Un intento que, al posarse sobre los hombros de anteriores trabajos similares, perdió su esencia e identidad. Lástima por la propuesta y por su buen director.

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