Mank: rebeldía literaria

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REINALDO CHACÓN

Es indudable que David Fincher posee una predilección por el thriller psicológico, su filmografía así lo expresa. El Curioso caso de Benjamin Button (2008) es tal vez su cambio de mirada, y junto con Red Social (2010), sean sus dos trabajos más nominado y ganadores, aunque no tan agraciados y recordados por los espectadores. Sin embargo, excluyendo a la primera citada en este artículo, hay un factor común en la narrativa de Fincher: indagar e investigar para entender lo que no se muestra a primera vista. Y esta estética de relato la utiliza en su última obra Mank (2020) quien narra el drama biográfico de guionista estadounidense Herman J. Mankiewicz y su desarrollo del guion de El Ciudadano Kane (1941).

Aún el espectador mas pervertido de la sala, conocedor de toda la historia inmersa en la construcción de este guion tan revolucionario para la industria cinematográfica, no se esperaba los subtextos que Jack Fincher, padre del director que escribió en la década de los 90 este guion, plasmó en el discurso. Esta no es una mera historia de poder, revolución sindical o incluso de méritos por resistencia y honor, sino una reflexión sobre la industria cinematográfica desde sus entrañas más oscuras.

Más de un film se ha atrevido a realizar este tipo de deliberaciones sobre el gigante contexto que las películas tienen en su desarrollo. Desde la perspectiva de productores, escritores, directores, actores, entre muchos otros, se han tocado de diferentes formas las vicisitudes que viven en la industria y que son ajenas a la pantalla de exhibición. Sin embargo, Fincher hijo y padre se atrevieron esta vez a incluir al opositor dentro del mismo circulo vicioso por el cual él protesta.

Desde el principio del film, la victima, en este caso el escritor, es reflejada como ese elemento deteriorado por sus vicios y por la “mano peluda” que utiliza para seguir produciendo dinero sin importar el momento humano de cada quien. En medio de flashbacks, dinámica constante del film, Fincher bascula en el tiempo para llenarnos de argumentos sobre la postura de los productores frente a sus trabajadores. Ninguno se salva, a todos les cae. Y aunque no ocultan su necesidad de incurrir en la política para que su negocio no se vea afectado, tampoco ocultan lo que hace tan interesante el guion de Fincher padre: la oposición a este sistema necesita vivir de ella para poder llevar a cabo su resistencia. Por quien protestas es quien te permite protestar, quien te da de comer, y quien se arriesga, hasta políticamente, para que tengas la libertad para expresar lo que desees, incluso si es en contra de esa estructura que deseas cambiar. Un golpe en ambas direcciones que no es común en la lectura artística de nuestros tiempos, aceptando que la construcción de esa estructura depende de todos y no solo de unos cuantos poderosos, pues siempre hay quien está por encima y por debajo, como lo expresa la posibilidad de vicios que puede otorgarse Mankiewicz, o así como endeudarse con quien necesita que le den, para prestar a otro prójimo que anda en las mismas circunstancias. Circulo de vicios a su máxima expresión.

A pesar del diseño de producción y de la exquisita fotografía, sin olvidar el discurso de la banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross que no solamente nos retrotraer a la época del film sino a la lectura de los subtextos visuales y literarios, incluyendo en esta lista a la interpretación del camaleónico Gary Oldman, el film no termina por explotar todo ese tesoro que el guion construye. La contundencia no es la clave del film, pero tampoco su intención. La búsqueda de soluciones no es la reflexión, pero recordar el conflicto es su principal objetivo. Dudas que no definen una postura clara, es tal vez lo que no nos permita ver que tenemos en frente a una gran obra cinematográfica en frente. Posiblemente un clásico del subtexto que quede como quedó El Ciudadano Kane en su momento: por debajo de la mesa.

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