Una tarde con el Príncipe Achmed

El film de Lotte Reiniger está fechado en 1926

MONTSERRAT FONSECA

Se veía difícil lo de acudir al cine. Aún cuesta adentrarse en un sala comercial -¿Exceso de recelo o falta de buen cine en este confuso y difuso tiempo estival?-. Pero ahí que los intrépidos responsables del CineClub FAS, decano de los cineclubes estatales en funcionamiento (1953), se animan a programar una joya del SÉPTIMO ARTE de hace 100 años, pocos le faltan; cuando aún no se vislumbraba que nos depararía esa reciente invención: EL CINE. El pasado 7 de julio, a falta de Sanfermines, aproximadamente unos 150 socios del cine-club nos sentamos ilusionados para compartir una película de 1926, desconocida para la mayoría y de la cual algunos no habíamos oído hablar, y con música en directo, magníficamente ejecutada Josetxo Fernández Ortega. Disfrute total.

La película, Las aventuras del Príncipe Achmed dirigida por una mujer única en su tiempo. Si no conocíamos la película, menos aún a su genial directora Lotte Reiniger: Berlín 1899, imperio Alemán – Dettenhausen, República Federal Alemana, 1981. Vayan estos datos para imaginar las vicisitudes de esta extraordinaria mujer, durante años tan convulsos, con cambios y acontecimientos  tan marcados ocurridos en Europa en todo ese tiempo.

Cuando se habla de las pioneras del cine, vienen a la mente Clara Bow, Lillian Gish, Alice Guy y Anita Loos; pero en raras y excepcionales ocasiones se menciona a Lotte Reiniger: cineasta, melómana, publicista, musa de la vanguardia berlinesa de los años 20, experimentadora, innovadora cinematograficamente que en el años 1926 estrenó la película Las aventuras del Príncipe Achmed. Su inquietud e interés por el cine de animación la llevo a los 16 años a entrar en el teatro de Max Reinhardt y a trabajar con Wegener (El Golem). Allí también conoció a su marido, Carl Koch con el que se casó en 1921 y colaboró con ella en casi todas sus películas. Antes de realizar Las aventuras del Príncipe Achmed, realizó seis cortometrajes, siempre buscando nuevas formas de expresión en el medio fílmico. Su trabajo le granjeo la amistad y admiración de grades directores como Fritz Lang, Jean Renoir, entre otros.

La posibilidad de rodar esta película surge en 1923 cuando el banquero alemán Louis Hagen (posiblemente un visionario), conocedor de su obra e innovaciones, contrata a Lotte  y a Carl, por sus dotes pedagógicas, para educar a sus hijos y a sus vecinos. A cambio les financió un pequeño estudio cercano en el que construyó una mesa de animación para realizar su película de siluetas, algo intermedio entre teatro de sombras y lo que hoy conocemos como dibujos animados. Se adelantó al menos una década a Walt Disney. Dedicó 3 años de intensivo trabajo a crear más de 300.000 imágenes individuales, recortadas una a una con tijeras, para crear la fantástica  Las aventuras del Príncipe Achmed.

Le preocupaba mas la creatividad en el cine que la técnica. Algunas de sus innovaciones pioneras fue el uso de la multicamara y en el guión que ella misma escribió aparecia el argumento exacto de la escena y sus efectos sonoros precisos. Para alcanzar el realismo que lograba Lotte no se conformaba con planos generales, estudiaba el cuerpo humano y sus movimientos. Reigner colocaba sus recortes articulados sobre una pantalla iluminada y los filmaba fotograma a fotograma, 24 imágenes por minuto. Así con mas de 300.000 imágenes. Con tijeras y papel negro era capaz de crear universos hechizados, criaturas maravillosas, mágicos acontecimientos.

Inspirada en cuentos y leyendas orientales y en varias de las historias de Las Mil y Una Noches

Su magia en Las aventuras del Príncipe Achmed reside en la imperfección; que se note el hecho a mano. Dejaba la magia a la imaginación del espectador. Es tal la belleza, la precisión de las imágenes, la filigrana que aun sabiendo y notándose en todo momento que es ficción, logra dotarlos de tal detalle en las filigranas de sus vestidos, los elegantes movimientos de los personajes, que consigue transportarte a ese mundo mágico pero dotado de la realidad mas sorprendente. Los ingenios mágicos que utiliza para hacer aparecer un palacio, un caballo volador, la sensualidad mas delicada, la vivacidad de las figuras, su capacidad para sugerir emociones, el ingenio técnico,… hacen que resulte una obra excepcionalmente mágica y real. Utiliza el juego de la realidad/falsedad, pero nunca engaña. Gozas y sonríes viendo la jugada, el engaño. Es fascinante; consigue el realismo innato de las películas de animación, pero con esa libertad absoluta de romper en cualquier instante cualquier regla impuesta. Los referentes al arte cinematográfico europeo, impresionismo alemán,  o a obras como la Odisea, o a leyendas de extremo oriente, son constates en la obra. 

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