“Clímax”: Películas en cuarentena (11)

REINALDO CHACÓN

Drogas y espectáculos, drogas y violencia, drogas y sexo, drogas y alucinaciones, drogas. Temáticas tratadas por muchos directores que, con mayor o menor incidencia en el film, mantienen su esencia conceptual: ser el estímulo que permite encarar, activa o pasivamente, el conflicto de la historia. La reacción a ese estímulo es donde el ojo narrativo activa su real interés. Con la posibilidad de explorar la reacción imaginaria de cada cuerpo, en todas sus posibilidades, convierte este tema en un universo interminable de personajes y eventos. Esta es la premisa con la que Gaspar Noé quiso quedarse para desarrollar su película Climax (2018) la cual nos narra la historia de veinte jóvenes bailarines de danza urbana que, a mediados de los 90, se habían reunido para unas jornadas de tres días de ensayo en un internado en desuso. En el último día, después de su ensayo final, deciden celebrar con una fiesta alrededor de una fuente de sangría. Pero, al pasar unos minutos, la atmósfera del lugar empieza a transformarse en una extraña locura. Descubren que la sangría ha sido adulterada con LSD, y sin poder saber quién o por qué ha sucedido esto, todos en el internado, los que bebieron y los que no, se ven atrapados en una crisis psicodélica colectiva que terminará en una pesadilla.

Fiel a su cine incómodo e impactante, Noé usa toda su experticia visual para guiarnos a un viaje de locura incomprensible, lleno de reacciones bizarras y repulsivas que no llegan a rozar la asquerosidad a pesar de su quinestésico discurso. Un sensible equilibrio que va acompañado de un constante movimiento de cámara que nunca se detiene (la película está principalmente compuesta por dos grandes planos secuencia que solamente persiguen a los diferentes personajes) y que estimula los indetenibles efectos de la droga. Sin momento alguno para respirar un poco, sensación que se nutre con una banda sonora interminable, que va y viene, cual zumbido de mosquito, según el espacio donde nos encontremos, construyen una perturbadora narración de locura que siempre irá “in crescendo”. Evento tras evento, va mostrando decisiones y reacciones desagradables que se entremezclan y aumentan el tamaño de esa bola de nieve que va cayendo con mayor velocidad sin un final en el horizonte. Una experiencia visual exquisitamente planificada, que cuidó cada detalle del encuadre para, con un estilo a veces de documental, otorgara al espectador ese poder omnipresente de la cámara, pero con la imposibilidad de elegir el camino de la misma. Una suerte de sadomasoquismo visual al no poder dejar de ver algo tan estimulante, pero a la vez tan repelente.

Aunque posee una poderosa y atractiva premisa, el guion es su Talón de Aquiles, interesado solamente en contar una experiencia. Enriquece las subtramas, tantas como posibles relaciones haya por bailarines, y deja huérfano un por qué que nunca aparece. El inicio del film con la entrevista a cada bailarín, y las conversaciones aleatorias y solitarias entre algunos de ellos, son la única sustancia de información valiosa que nos ofrece para poder intentar seguir cada subtrama. A pesar de su disciplina visual, milimétricamente preparada, el texto se convierte en páginas en blanco que solamente espera la improvisación de los actores. No es un desorden mal preparado, al contrario. Pero se convierte en un vacío argumentativo de todos esos temas recurrentes del director: el embarazo, el aborto, la violación, las drogas y el incesto.

Sin interés de ser entendido, o aclamado por las masas y los críticos, Gaspar Noé continúa una senda bien clara de su arte. Aunque muchos catalogan esta película como la más “Hollywood” de su filmografía, sigue siendo devoto a su forma de narrar, tan peculiarmente, temas que muchos realizadores no se atreven, y allí yace su valor. Algunos necesitarán mayor explicación para entenderlo, pero en su discurso reposa una singular manera de plasmar su postura de vida. No es gratis que el simbolismo más grande de este film sea la bandera de Francia. Un gran pedazo de tela que, en medio de este clímax de libertinaje, pareciera que gritase contantemente aquello de liberté, égalité y fraternité. Una parodia a esa actual Francia revulsiva y destructiva.

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