“Mi vida de calabacín “: películas en cuarentena (10)

Nomiada al Óscar como Mejor film animado

REINALDO CHACÓN

Costumbres y formas de vida de un huérfano, su forma de entender la vida una vez entiende qué le ocurre, y las distintas maneras de manejar ese malestar de tener esa “etiqueta” social, han sido temáticas de un sin número de películas en diferentes idiomas y latitudes. Pero en animación… para mi es la primera oportunidad. Mi vida de calabacín (2016) narra la historia de Calabacín, un valiente niño que, después de perder a su madre y quedar huérfano, tiene que ingresar en un hogar de acogida con otros niños de su edad. Esforzándose por encontrar su lugar en este nuevo medio que se le muestra hostil, aprende a confiar en los demás, hacer amigos, encontrar su primer amor y entender el significado de la familia.

El tratamiento de este film permite que se universalice una temática que tantos tenemos como tabú para nuestros menores. Sin disminuir la carga dramática que el tema de la orfandad nos genera como sociedad e individuos, y desarrollando momentos de desapego entre los niños, desatando los demonios internos que en ese estilo de vida deben estar tan presentes, la comedia viene a ser ese elemento amalgamador que permite digerir esta realidad que hemos visto tan oscura (insignia característica del género) Llena de colores, risas, llantos, rabias, miedos, esta animación realizada con la técnica de Stop Motion, busca reunir a personas de todas las edades a disfrutar de las emociones que emanan una de las realidades incómodas que lamentablemente seguirá presente en nuestras sociedades.

Aunque sea el guion de Céline Sciamma, basado en la novela “Autobiografía de un calabacín” de Gilles Paris publicada en 2002, unos de los elementos más destacados, la decisión de la estética no se aleja mucho de este carácter. Inmersos en una época donde las nuevas tecnologías de animación, incluso el Stop Motion, ya han ido asentando las bases de los estándares en nuestra visual, el retornar a un estilo antiguo, con acabados más infantiles y burdos, incluyendo una animación que aún mantiene una fluidez con ciertos saltos y detenimientos, no es un mero capricho de marginarse para ser distinto. El discurso obliga a ver las cosas de manera diferente, incorporar una visión más pausada, que antes teníamos como sociedad, para lograr ver el conflicto desde otro ángulo. Es allí cuando los departamentos de arte y animación se han ganado el cielo evocando y casi que resucitando un estilismo animado que aún tiene mucho por decir y desarrollar.

Ganadora en las categorías de Mejor Largometraje y Premio de la Audiencia en el Festival de Annecy 2016, y Mejor film Animado y Guion Adaptado en los Premios César 2016, así como también nominada a 3 Premios Annie, y nominada para los Premios Oscar, Globos de Oro y Premios BAFTA de 2016 a Mejor Película de Animación 2016, esta coproducción entre Suiza y Francia quedó rezagada, por no decir que pasó bajo la mesa, en un año rico en muchos trabajos de gran calidad, incluso con otras obras donde esta misma técnica fue escogida. Sin embargo, es innegable que será un film que tendrá una valoración en el futuro, no solamente por la difícil temática para este género, sino por la simpática manera de hacernos entender que en la tristeza hay una gran acompañante dispuesta ayudarnos. Si queremos superar los retos emocionales y psicológicos que ella nos trae, debemos vivirlos y no huir de ellos, porque probablemente hay detrás un significado que vale la pena aprender, seas adulto o aún seas un niño. Una obra que nos trae ese “cine infantil social” que aún debemos seguir construyendo.

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