“Condorito”: Películas en cuarentena (4)

La cinta fue dirigida por Alex Orrelle y Eduardo Schuldt

REINALDO CHACÓN

Y los animales siguen dominando la narrativa de este viaje en cuarentena, aunque esta vez toman por completo el control y, sin incluirse en el discurso como elemento conector o metafórico, se adueñan de la pantalla usando un cóndor antropomorfo caricaturizado para llevar el relato de la historia, el icónico personaje Condorito de Pepo, seudónimo del historietista chileno René Ríos Boettiger.

A pesar de la popularización de esta historieta cómica generada por su 9no libro dedicado al Mundial de Futbol de 1962 en Chile (evento que lo impulsa a la internacionalización de su contenido casi 10 años después) produciéndole la oportunidad de llevar a la gran pantalla a este personaje (proyecto que terminó fracasando por problemas de financiamiento e insatisfacción del resultado de parte de su creador) no es hasta el año 2017 cuando se estrena su película. Sin embargo, antes del film, ya este personaje había pasado por distintos formatos de animación desde los años 80 con cortos de sus chistes emblemáticos. Este fue un viaje que empezó con animaciones en 2D sin ningún tipo de diálogo, hablado o escrito; siguió luego la animación por flash, impulsado por la Editorial Televisa quien asumió desde 1994 los derechos de edición, comercialización y distribución de la marca; para finalmente sumergirse en la animación 3D donde se incorporó voz para cada uno de los personajes. A partir de allí, y aprovechando el impulso que en Latinoamérica se vino gestionando con este formato de animación (El Ratón Perez (2006) – Argentina, Una película de huevos (2006) – México, El Delfín (2009) – Perú, Don Gato y su Pandilla (2011) – México y Argentina, Metegol (2013) – Argentina, entre otros) se gestionó la construcción de la productora Pajarraco Film, quien de la mano con la distribuidora 20th Century Fox, consiguen la materialización de este sueño inconcluso de Pepo.

Sin duda que la técnica animada en nuestro continente está mejorando a pasos agigantados (no es casualidad que en el Perú haya actualmente 7 institutos para estudiar animación 3D después de su primera producción en 2006) así como las coproducciones con países europeos potencian el crecimiento a un futuro que marca un horizonte bastante productivo y de calidad. No obstante, aún adolecemos del mismo síntoma que hace que solamente destaquemos la técnica: la comedia de nuestros guiones sigue siendo muy pobre. Aún cuando parece absurdo que ocurra en Condorito: La Película (2017) por venir de una historieta cómica, este film animado no escapa de esta afección, siendo de hecho, el elemento que le hace perder su identidad. Ese humor blanco, que podría resultar chocante o “política y socialmente incorrecto” en la actualidad, fueron reemplazados por mantener el de los estereotipos de personajes y situaciones (humor más liviano, común y poco construido) Pepo nutrió a su personaje de chistes de locos o dementes, de borrachos, infidelidades, machismo, razas, usureros, e incluso de una mentalidad donde su personaje principal siempre estaba dispuesto a celebrar con sus amigos y sacar partido trabajando lo menos posible, sin dejar su grado de honestidad y buenas intenciones. Decidir, desde la producción, transformar al personaje y su contexto, actualizándolo al pensamiento social del siglo XXI, destruye la esencia que Pepo desarrolló sobre la vida latinoamericana de mediados de los 50 del siglo pasado. La adaptación de la historieta no está reflejada en el film en ninguno de sus elementos humorísticos, e incluso, en su trama principal, saca de su contexto original al personaje con la llegada de extraterrestres, desarrollando la historia en el espacio, donde ninguno de los temas del humor que Pepo construyó tienen cabida alguna.

El crecimiento del cine se refleja el responder al QUÉ con concepto, para luego llegar a un CÓMO donde aflore la técnica. Nuestro continente tiene un prontuario de films que van creciendo con la maduración de interesantes narrativas visuales, que siguen escudriñando su discurso. Sin embargo, en la industria de la animación, sea de la técnica que sea, nos falta aún por crecer desde su origen: generar interés discursivo de elementos inanimados. Esto lo comprendieron nuestros grandes caricaturistas sin pensar aún en movimiento, Pepo (Chile); Quino (Argentina); Yolanda Vargas Dulché (México); Mario Garcés y Elsa Jiménez (Venezuela); Angeli, Glauco y Laerte (Brasil); Ernesto Franco (Colombia); Chago (Cuba); Iván Valero Delgado (Ecuador); Robin Wood (Paraguay); Diodoros Kronos y Honigman (Perú); Julio Suarez y Fola (Uruguay).

Material hay de sobra. No perdamos la esencia ni la identidad de nuestro humor por flaquear ante el “modernismo” de la sociedad.

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