Retrato de un mundo sin virtud

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HISTORIAS PEQUEÑAS (2019) es el trabajo más reciente del realizador Rafael Marziano Tinoco, ganador del reciente Festival del Cine Venezolano como Mejor película

ROBERT ANDRÉS GÓMEZ

Rafael Marziano Tinoco ha dado a su productora el nombre de Makatoa, una metáfora y un sino que ya recoge Francisco Herrera Luque en La luna de Fausto, ese maravilloso y fatídico relato sobre el último de los Welsers en Venezuela. Ese sino se palpa de principio a fin en Historias pequeñas (2019), su film más reciente, ganador del premio a la Mejor Película en el pasado Festival del Cine Venezolano.

Historias pequeñas es un relato sobre el 11 de abril de 2002 y los días inmediatos al golpe de Estado que mantuvo por un lapso de tres días al entonces presidente Hugo Chávez Frías fuera del poder.

Con excepciones, el film transcurre puertas adentro, en los hogares y espacios íntimos de un grupo de personajes que dialogan con su realidad y el caos político de esos días.

Historias Pequeñas es un film coral y capitular, una suerte de Divina Comedia que se cruza en un breve tiempo en la vida de estos personajes. La morosidad del relato lo recorre de principio a fin en un trazo que convierte la pantalla en espejo.

“La película es un espejo del derrumbe de afuera. El mundo exterior es una expresión del mundo interior. Obviamente lo que quería era provocar en el espectador es esa sensación de complicidad y realmente de culpabilidad. Citando a (Henri) Ibsen: “El público está para que uno lo acuse”. Decirle al público: la causa de que el mundo esté tan mal es de usted, de su primo, de su vecino que es igual al personaje que hizo Sheila (Manterola) o al personaje de Gonzalo (Velutini). Precisé arquetipos de la sociedad venezolana que consiguen que el espectador venezolano salga avergonzado de sí mismo”.

“Yo veo que existe un intento social en términos de voz pública de crear una imagen de una ´martiriología´. Cuán pobrecitos somos que hemos sufrido esto, cuando deberíamos decir “Qué inútiles somos por permitir que esto siga, somos los artífices y partícipes de esto. Somos responsables como sociedad, nosotros lo hicimos y nosotros debemos deshacerlo. Pero el primer paso para conseguirlo es asumir que lo hicimos”.

Marziano cita como ejemplo el eje de El tambor de hojalata de Gunther Grass y también películas como La Dolce Vita de Federico Fellini y El Gatopardo de Luchino Visconti como referencia para ilustrar cómo el arte se ha planteado la reflexión sobre el origen de los problemas de una sociedad.

“En El tambor de Hojalata, Gunther Grass le dice a los alemanes “siéntate y mírate en el espejo y asume tu culpa colectiva. El protagonista de la novela, Oskar Matzerath es en realidad el pueblo alemán que no quiso crecer. Entonces maduremos. Yo no he visto el más mínimo intento de una sobria reflexión sobre la necesidad de madurar como sociedad. Apenas un lamento. Lo he visto eso sí reseñado por José Ignacio Cabrujas, Juan Liscano y por Francisco Herrera Luque. De la misma manera que el chavismo se irguió como un estatus echándole la culpa a la historia de la cuarta república -todavía sé muy bien qué es eso-, ahora queremos erguirnos en una sociedad excesivamente cómplice y callada. En una sociedad que come de la basura al lado de una camioneta de 200 mil dólares. La gente se pregunta ´por qué esto no cae´. No cae porque este es un estilo de vida. Un nuevo estilo de vida del venezolano”.

“La sociedad venezolana, y eso lo dijo Cabrujas, es una sociedad que no quiere decir las cosas. El arte debe decir las cosas. Los artistas no podemos eludir esa responsabilidad en función del éxito. Creo que la idea en general es que no hablemos, que disimulemos. Citando de nuevo a Cabrujas, Venezuela es el país del disimulo. Disimular para que nadie se de cuenta”.

“Nosotros estamos claramente asumiendo seguir viendo lo injusto, lo incorrecto, lo inútil y seguimos viviendo con eso. Estamos dispuestos, porque el precio que tendríamos que pagar sería muy alto. Es comenzar a darle valor a aquello que lo tiene y dejar de darle a aquello que no lo tiene. El cambio social sería enorme.”

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LOS ARQUETIPOS Y EL 11 A

Historias pequeñas revela para Marziano una reubicación de la mirada histórica. A la manera de Francisco Herrera Luque, el realizador elude posicionarse frente al hecho en sí, sino en aquello que ocurre tras las paredes de una sociedad.

“Usé el hecho del 11 de abril como un catalizador. Los arquetipos que aparecen en Historias pequeñas, más que de personajes, son de emociones, de actitudes confrontadas con un hecho y su reacción frente a lo que sucedía entonces. Eso genera la manifestación de sus egoísmos, mezquindades y sus enormes pequeñeces que es donde se encuentra la raíz de todo, su verdad intrínseca”.

“El título Historias pequeñas obedece a ello.  Al deseo de mostrar esa relación de la Historia con nuestra historia. La izquierda de pacotilla que nos ha gobernado y en general la clase política representa ese deseo de pompa donde lo único que importa es aparentar una grandeza que no tenemos. Hablamos de hechos trascendentes que en realidad no lo son. Hechos que se encuentran en los manuales de historia, pero no de nuestra Historia. Lo que allí está son las historias del disimulo donde no se dice nada que no sea políticamente correcto. Mi intención fue reírme de ello. El 11 de abril fue un hecho trágico y bufo a la vez.

El régimen de Pedro el Breve fue una cosa penosa. Penosa en la cual participamos todos, como el personaje que yo represento. Un papel que asumo, porque no podía darle semejante rol, tan infame a actor alguno. Sino asumirlo con gallardía”.

EL LENGUAJE, LA ESTÉTICA

El film es desde el punto de vista estético e interpretativo implacable. Obliga al espectador y a sus intérpretes a ejercer un control sobre sus respectivas ansiedades, la tradición de ver y del hacer.

“He despojado a la película de su diversión: he prescindido del Dolly, los paneos, de los primeros planos, para que el espectador se siente, vea y detalle todo lo que está ocurriendo en el encuadre. Ver lo que ha ocurrido al menos durante los últimos 20 años”.

“Llegar a eso fue el intento de un anhelo. Quería volver a la sencillez de mis películas iniciales. Pero justamente esa mirada la he tenido siempre, quizás porque venía de la fotografía, de ser testigo de algo. Y cuando hice las películas descubrí que si dejas la toma más larga, más que para el hecho meramente narrativo, empiezas a ver un falso-verdadero en esa historia que estás contando. Empiezas a ver algo que no está en el texto, pero que subyace dentro de él. Esas tomas largas donde aparentemente no pasan cosas, sí que pasan; y es el espectador quien termina armándolas en su cabeza, no de una manera racional, sino emocional”.

“En Historias Pequeñas, los cuadros que componen la película me recuerdan a las obras de (Edward) Hopper. No en el color, sino en la ausencia de detalles. Aquí faltan detalles, elementos. Solo veo fragmentos de esas vidas que me permiten saber qué está ocurriendo. Fue muy difícil trabajar con los actores por eso. Había que despojar lo accesorio, lo que no contara lo que se quería decir. Utilicé muy racionalmente los elementos de la composición. El lugar y desplazamiento de los actores en el encuadre, porque es el encuadre el que está narrando la historia”.

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EPÍLOGO

“No tengo la menor idea. El cine no es para hacer política, pero sí para hacer un comentario humano de la sociedad. No obstante, la política es la expresión del hombre en sociedad y esta película es muy implacable en el retrato de una sociedad. Todo retrato te muestra las contradicciones internas y lo que sí quise hacer fue retratarnos. Inevitablemente debo ser muy parecido a los personajes. Y lo que me interesa es mostrar que el ser humano no está aislado. Que esa pequeña ambición y esa mezquindad que posee se refleje en sus acciones y arroje las consecuencias que eso tiene. Lo que retrato esa ambición que nos caracteriza desde el primer español que llego aquí. Creo que este es el retrato de un mundo sin virtud”.

 

HISTORIAS PEQUEÑAS

Guion y dirección: Rafael Marziano Tinoco. Producción Ejecutiva: Belén Orsini y Juan Carlos Lossada. Cinematografía: Alejandra Henao. Dirección de Arte: Aída Cortez. Int. Marialejandra Martín, Sheila Manterola, Carlos Cruz, Gonzalo Velutini, Jean Franco Di Marchi, Indira Saturno, Yesenia Camacho, Hecham Alhadwah, Bárbara Di Faviano. 2019.

Historias Pequeñas (2019) de Rafael Marziano es un film áspero, duro, implacable con el espectador. El inmediato, el más cercano. El realizador de El camino de las hormigas (1994) y Swin con son (2009) apela al desnudo -del encuadre y de los personajes-, para escudriñar en el comportamiento del ser humano frente a su relación con la historia. El contexto es el 11 A y los días sucesivos de un momento de quiebre en la mirada social y política venezolana. Visto puertas adentro. Inmerso en una vida cotidiana y doméstica que da la espalda al hecho en sí mismo. Cuyos ecos están presentes, mientras los personajes atraviesan sus propios dilemas, algunos como consecuencia de lo que ocurre en la calle.

Historias Pequeñas es cuando menos un ejercicio especular cuando menos incómodo. La solidaridad, el individualismo, la invisibilización es parte de ese retrato que transcurre sin piedad. Marziano ha viajado en el tiempo para contar con la naturalidad del primer cine, esas pequeñas escenas que remueven los cimientos de una idiosincrasia en permanente cuestionamiento.

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Un comentario en “Retrato de un mundo sin virtud

  1. Excelente reseña!!!! El arte siempre ha de mostrar la “incomodidad “, removernos e incitar a la reflexión, aunque en esa reflexión salgamos perdiendo.

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