Blind Box

REINALDO CHACÓN

Netflix cierró el 2018 con su más fructífero logro: congregar a más de 45 millones de personas en la premier de uno de sus productos. Pero como reacción se ha convertido en el más criticado y vapuleado, tanto por críticos como por usuarios.

En el universo de historias, las narrativas apocalípticas distópicas son de las más atractivas tanto para el lector como para el espectador. Sin fin de autores han realizado novelas, comics, series de tv y films con esta temática, lo cual implica que el reto no está en cambiar el ya tan conocido relato, sino cultivar más la creatividad para lograr que la forma sea más atractiva que las anteriores, desarrollando conflictos sociales no contados, eventos celulares no pensados aún, entre muchos otros. Es sin duda un universo lleno de posibilidades para narrar. Sin embargo, Bird Box (2018) no logra este objetivo. Se recrea en un imaginario ya trabajado por antecesoras que terminan por ser casi la copia en vez de una referencia: The Mist (2007) y The Happening (2008) por citar algunas.

Es posible que Susanne Bier aun no haya conseguido su camino discursivo en esta nueva etapa. En su época danesa, tenía claro su espacio de intensidad e intimidad familiar, pero su derrotero cambiante, probablemente en esa búsqueda artística en nuevos campos, aún no ha sido tan benevolente como se esperaba. Después de la oscarizada Hævnen (2010) el recorrido ha estado lleno de tropiezos y baches discursivos que aún siguen apareciendo.

Basada en la novela homónima de Josh Malerman, y adaptada para la gran pantalla por Eric Heisserer, Bird Box construye un discurso lleno de muchos personajes (pocos interesantes) que contaminan la narrativa y complejizan tanto el relato que sus resoluciones tienden a ser un poco mágicas. La novedad de la “ceguera obligada” al inicio del film, empieza como un elemento a favor de la tensión, pero que lastimosamente se va convirtiendo en su propio enemigo al desarrollar eventos poco verosímiles. Convertirse en un tropiezo, siendo el ancla de la película, lo transforma en un elemento aburrido que va diluyendo toda clase de posible terror hacia lo invisible, pues la cámara tiene la perspectiva completamente opuesta a esa intención.

Incluso el compendio de actores de renombre no logra disuadir el ya tan inequívoco conflicto de hacinamiento de personajes. No solamente el desorden que reina en la historia afecta a la degustación de cada ejecución actoral, sino que el proceso de desecho de cada uno es tan rápido que parece una estrategia innecesaria, más allá de la inequívoca y efectiva función de ganar más descargas. Es tan incongruente, que el mejor y más interesante rol, el de John Malkovich, desaparece sin razón argumentativa más allá de necesitar la soledad del protagonista.

Sin mucho que atraiga para repetir una vuelta al sofá y disfrutar de una palomitas y un refresco, lamentablemente pasamos de un Blind Side (lado ciego) a una Blind Box (caja ciega).

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