La herida germinada

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CLAUDIA LLOSA (Foto Begoña Flores Bejarano)

Por Begoña Flores Bejarano

Conocer el proceso de creación de la cineasta peruana Claudia Llosa y su particular mirada es adentrarse en una travesía incierta, plagada de metáforas y desgarros internos, como las historias que fabula y luego lleva a la gran pantalla.

Estos días, en el marco del Primer Festival Internacional “Cine por Mujeres” que se está celebrando en Madrid (3-8 de abril, 2018) para dar visibilidad a la mirada femenina en el cine, la cineasta, una de las directoras más aclamadas de Latinoamérica, con una importante proyección internacional y películas en su filmografía que han obtenido numerosos reconocimientos y galardones como ”La Teta Asustada” (2009), Oso de Oro del Festival de Berlín y Nominada a los Oscar como “mejor película extranjera”, ha participado en un encuentro para compartir de forma muy íntima su mirada y su manera poética de “Hacer cine”.

Claudia Llosa, en sus propias palabras, carga una herida y escribe desde lo más profundo de esa llaga, porque es en esa herida, a través de sus grietas e incisiones donde la fantasía emerge cargada del sentido e imágenes que después proyecta en sus películas.

Esa herida se convierte en el combustible constante porque necesita de forma imperiosa ahondar en ella. Entonces, tarde o temprano aparece la imagen; una sola imagen, una sola sensación desde donde tira con fuerza como si de un hilo se tratara y lo arrastra hasta que consigue arrancarla de su ser e independizarla. Sobre esa imagen construirá la historia que va a cargar esa herida y emprende una cruzada en solitario para llevarla a buen puerto, porque en esa parte del proceso creativo está navegando a contracorriente en la mayor de las soledades.

Para ello, se sube en una barca remada por la necesidad. Sin esa necesidad no puede sortear el camino. Esa necesidad imperiosa es su carga, su mochila, lo que le hunde y la mantiene a flote a un mismo tiempo. Cuando ya sabe a los peligros a los que se enfrenta,  emerge el náufrago; el que será su compañero de principio a fin y se erigirá en su personaje principal. Pero antes le pone a prueba de supervivencia. Tiene que saber que ese personaje es bueno para un viaje tan largo y lleno de zozobra. Necesita conocerlo, saberlo todo de él y hacerlo naufragar incluso de sí misma. Si consigue sobrevivir, podrá habitar de pleno derecho la isla desierta de la película.

En esa travesía el mástil será el tema de la película como un centro que dote de sentido a todo. Y esto llegará como en la buena literatura de una forma incierta, ambigua… Pero no será el personaje el que se transforme. Será el espectador el que evolucione; se cuestione, se debata, se interpele y se quede con la incertidumbre que le haga formularse su propia verdad.

Así es como Claudia Llosa consigue que su cine germine a través de aquella herida que la habita en lo más profundo, y como, mirando a través de ella, la transforma en historia. “La cámara solo es una niña intentando nadar”.

 

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