El Rey Arturo, Cipriano Castro y la zona de confort

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Xavier Martínez

El viernes 12 de mayo llegaron a Cartelera de nuestro estado dos películas de directores que en lo personal sigo. Uno es Guy Ritchie (Reino Unido, 1968) el otro el venezolano Román Chalbaud (Mérida, 1931). Llego al cine en Las Trinitarias, luego de un largo día, a eso de las 8 de la noche y estaciono mi viejo Porsche 964. Sabía que ambos directores estrenaban este fin. Le quedaba una función a cada película, a La planta insolente   (Chalbaud, Venezuela, 2017) la función de 8:50 y al Rey Arturo (Ritchie, Reino Unido, 2017) la función de las 9:30.

Elegí la venezolana por 3 razones, la primera, conozco el cine de Chalbaud más que el de Ritchie, si no la veo en el cine difícilmente la veré en otra parte, puesto que la programación de la cinemateca es inexistente, conseguir una descarga o una copia pirata en buena calidad es algo imposible. La segunda es que a Ritchie y sus casi 200 millones de presupuesto poco le importa que un simple mortal en Venezuela pague por ver su película. La tercera razón es que la venezolana empezaba antes. Punto a favor para la programación de la venezolana al menos en esa sala.

Pago mi ticket, voy al baño y al salir, compro unos chocolates. Absurdo que a los productores venezolanos no les quede nada de esas ventas de la carameleria de los cines, que pagamos por ver sus películas además que ver una película venezolana siempre es como un acto de fe, lamentablemente. Pienso esto mientras pago el realero que cuestan los chocolates. Entro a la sala con una gran esperanza.

Chalbaud tenía casi 5 años sin estrenar una película y lo último que me ha gustado de su trabajo data de 1997, Pandemonium. Las otras 3 dirigidas antes de esta son de un director irreconocible, en una zona de confort donde nunca había estado (El Caracazo, Zamora y Días de poder) Mas allá de lo político, las películas no fueron exitosas según cifras oficiales y en lo personal me aburrieron y me molestaron pues era costumbre que las películas del realizador al menos eran capaces de entretener, conmover, divertir y hasta crear conciencia.

La película fue rodada entre 2012 y 2013 y tardó 4 años en estrenarse porqué la casa productora no había podido pagar los efectos digitales que ameritaba. La película recorre la vida de Cipriano Castro desde su llegada al poder en 1899 a los 41 años de edad, hasta su exilio final en Puerto Rico, donde vivió desde 1916 hasta 1924 cuando murió.

Comienza la película y termina. Unos 100 minutos de duración que pasan a buen ritmo, lo que hablaría de un montaje dinámico o estaba muy enfocado viéndola. En un grupo de escenas los cortes eran incorrectos, brincaban, haciendo pensar que faltaba metraje o tiempo. Por ejemplo en las batallas o las escenas que introducen a batallas hay varios cortes de ese tipo, de esos que te sacan por momentos de la narración.

La música y la mezcla de sonido son sobrias y correctas. La dirección de arte se le nota un esfuerzo, investigación en cada detalle, pero lo demás no ayuda a que esto luzca más allá de ser anecdótico. Por ejemplo, las noticias en periódicos de la época, o atrezzos que evocan el país de 1900, estas mueren por falta de producción, papel o materiales que no convencen. El vestuario de los ejércitos en batallas eran reciclajes de las otras películas históricas de la villa del cine. Esto en Maisanta mejoró pero recordemos que Maisanta aunque se estrenó antes se grabó después de está.

Podemos pasar por alto el repetido stock de vestuario de la villa, podemos pasar incluso el tono alto de las actuaciones que por desconocimiento o tradición creen que interpretar personajes de épocas pasadas quiere decir sobreactuar, proyectar demás la voz como si estuvieran actuando en teatro, exagerar gestos, y otros vicios actorales. Roberto Moll como Cipriano Castro está bastante aceptable a pesar de la cantidad de diálogos explicativos, académicos y tediosos que le toca a su personaje. Su parecido colabora, pero el diseño de su personaje no ayuda a que su trabajo sea mejor.

Hay 3 cosas que le dañan finalmente la película a Chalbaud. El guión, La fotografía y los efectos especiales. El guión plantea una puesta entre lo teatral y poético que es absurda, considerando que los diálogos son más una aburrida cátedra de historia de Venezuela, a la que dicho sea de paso algunos no querían asistir, pues de las 15 o 20 personas en la sala unas 5 se fueron antes de la mitad. Muchas veces los diálogos de la película son explicativos a nivel de una telenovela, una dosis de humor involuntario, ver al pobre Roberto Moll contestar una llamada y decir todo lo que se supone le decían al teléfono es una de las escenas que más lamenté.

Lo poético pasa por un niño que sale toda la película lanzando piedras, una metáfora del país probablemente. ¿Joven, indefenso pero pícaro? A lo mejor su Guionista Luis Britto García lo creó por otra razón, pero la metáfora no es efectiva, no se entiende, el niño ni siquiera logra causar empatía. Y si nos ponemos a buscar razones podemos caer en pensar que es una Guión panfletario, este del señor Britto, ¿por qué pone a un niño venezolano a lanzar piedras, como pasa mucho por estos días? ¿diciendo que Venezuela siempre es un indefenso David o un pobre tira piedras? preferimos pensar que fue un error de enfoque, puesto que no lo conocemos personalmente y aun así respetamos su labor como investigador y articulista, no es su mejor guión, lamentablemente.

La segunda razón que daña la película es la dirección de Fotografía. Esta corre a cargo de un fotógrafo venezolano Vitelbo Vásquez, del cual en la IMDB se ve que tiene 40 años de trayectoria y de quien he visto otros trabajos sin saberlo, como Venezzia, donde su fotografía es mejor que en esta oportunidad, aunque esa película tampoco es maravillosa. La fotografía cuando menos es anticuada, sin mayor arte, floja, sin norte, sin investigación. Lamentable. Aquí Maisanta que es una mala película tiene al menos un punto a favor.

La iluminación es tan desacertada, que escenas donde en la web puedes conseguir referencias y observar que ameritaban un look naturalista, son trabajadas en estudio con iluminación básica y plana. Por ejemplo las reuniones de Cipriano con su gabinete. Después, otras calamidades, como en la escena que el personaje de Laureano Olivares fusila a un rebelde. La mitad del lugar iluminado amarillo y la parte del patio azul, ¿haciendo pasar esta como la luz de la noche o de la luna? Es un efecto de la vieja televisión de los 90, es un estilo anticuado, burdo, casí de un trabajo universitario.

Aun así, en descargo del fotógrafo, es la 3ra película seguida, que fotografía para Chalbaud. Algo de culpa tendrá el director por la selección, aunque no ilumine ni opere cámara, aplicando la ley del “cine de autor”. La tercera y última razón que daña la película son los efectos digitales, los cuales deberían llamarse Defectos digitales. Lo peor es que fueron hechos por una compañía argentina. La cual presenta en su página excelentes trabajos. No es el caso de este. Y para sumar desgracias seguramente cobraron en dólares, razón por la que tardó tanto tiempo para estrenar la película. El presupuesto de estas realizaciones digitales van entre 500 mil y un millón de dólares. Dios quiera no haya llegado al millón.

Es evidente el trabajo digital realizado ante el intervenido centro de Caracas, se valora pero se le notan las costuras. Empeora todo cuando vemos los acorazados extranjeros y los disparos de los cañones. Muy falso, muy por debajo incluso, de efectos de este tipo en juegos de video. Una escena “poética” hace volar digitalmente sombreros, aquí nuevamente el nivel es bajo. Cómo si el trabajo hubiera sido de un día para otro. No dudo que hayan cobrado por eso, pero ¿No había un director de post producción? Para tardar tanto una película por los efectos, por más costoso que sean, se espera al menos máxima calidad.

Doloroso botar dinero de esta forma. Son tan deficientes, incompletos y lamentables los efectos que dejamos pasar que los créditos iniciales de la película tengan un look gráfico fresco, aunque los inserts que informan fecha y año dónde va pasando la acción sean tan burdos y simples que parecen hechos en un Word, incongruente con la estética inicial del paquete gráfico. Un punto a favor: los personajes oníricos azules que le aparecen a Cipriano, así como las secuencias oníricas que nos recuerdan al Chalbaud influenciado por el surrealismo. A Chalbaud autor.

La villa del cine vuelve a perder dinero. Sacando cuentas por encima, podemos ver que el presupuesto de esta película debe rondar el millón de dólares, inflado principalmente por los efectos extranjeros. Y no hay que ser un genio matemático para darse cuenta que en estos momentos, no recuperaran en taquilla lo invertido, así como es difícil pensar en ventas internacionales que generen más de un millón de dólares, las cuales deben ser unas 10 o 20 ventas en otros países como mínimo. Pero con el resultado final eso se ve casi imposible.

Ojalá Chalbaud regrese a su cine de antes, fuera de la zona de confort. Es un mérito que se mantenga realizando pero ha olvidado a sus personajes, su narrativa. Aun esperamos una película intima que reconcilie al mítico realizador con su universo narrativo de otros tiempos. Como a veces hacen los realizadores de trayectoria, un Paul Verhoven con Elle o un Clint Eastwood más contemporáneo con Chalbaud y guardando las distancias, quien sigue haciendo un cine de actualidad, aunque no estemos muy de acuerdo con sus posturas a favor de Trump. ¿A dónde se fue el Chalbaud autor?

Finalmente, al día siguiente fui a ver el Rey Arturo para cumplir con el director de Snatch, y vi una mejor película en tanto tiene de colchón 200 millones de dólares, a ratos casi hace dormir, pero aquí si se manejó bien la poesía del ya conocido cuento de Arturo y el autor apeló a su estilo y entretuvo hasta el final. No es la mejor película de Ritchie, director que tiene un tiempo desperdiciándose en la zona de confort de grandes presupuestos, pasa aquí y pasa en todas partes 5 de 10 para el Rey Arturo, para la de Chalbaud 4 de 10, un punto menos para el cine venezolano y una realidad: El cine americano no es competencia, nuestros países son sus propios enemigos al no capitalizar la decadencia de la industria, empeñándose en despilfarrar dinero en historias que el público no quiere ver.

Barquisimeto, 14 de mayo de 2017

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