Encrucijada emocional

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Robert Andrés Gómez

EL PEOR HOMBRE DEL MUNDO trae consigo dos virtudes: un título sonoro que daría por sí sólo para una serie de televisión y la mejor, un tono –también sonoro-, que rompe con el ritmo tradicional del cine venezolano. El suyo, es un contexto poco visto, no inédito, en pantalla. Su conflicto, un tanto ombliguista, es sin embargo, justo y sincero. El protagonista, un hombre en plena crisis de los 30. Huérfano de padre y madre y para colmo, hijo único se encuentra en una encrucijada emocional que pasa factura al corazón, mientras él pasa revista a cada una de sus relaciones.

EL PEOR HOMBRE DEL MUNDO es una comedia romántica con inquietudes existenciales. Es también un homenaje velado a Woody Allen –de quien el autor ha tomado el nombre de su film-, partiendo a su manera de Desmontando a Harry (1997). Desde allí, bucea al fondo de su protagonista: un hombre incapaz de comprometerse, con severos problemas para verse a sí mismo y una peculiar tendencia a ver el error en el otro (‘otra’ valga decir).

También, un hombre saludable, que en sus mejores años ha ejercido de galán arrollador, aplastando los corazones de sus compañeras de turno.

Ópera prima del guionista y director Edgar Rocca, EL PEOR HOMBRE DEL MUNDO subraya una inconformidad poco explorada dentro de la cinematografía local. La de una edad y un entorno que parece no encontrar arraigo ni reflejos dentro del imaginario inmediato. NENA, SALÚDAME AL DIEGO de Andrea Herrera Catalá marcaba esa necesidad de confrontación con el espacio inmediato y una necesidad de construirse desde las raíces familiares en otro lugar.

Ante la pérdida de referencias familiares, Juan Andrés Gómez (Alexánder Da Silva) y sin poner tierra de por medio, busca construir su lugar en el mundo, traumas en medio. La cinta goza de un tono relajado que encuentra un cómplice en Ignacio Huang (Un cuento chino), el amigo cercano del protagonista. Un punto flaco, la música del film que a ratos envejece el relato en pantalla y lo simplifica en extremo. Otro: un protagonista poco entregado a un personaje que incluso en sus horas bajas sigue siendo solar. Lo mejor, el ritmo y fraseo de los diálogos al servicio de la comedia, una tropicalización de las angustias de un creador, procesadas desde su naciente universo por otro.

 

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