‘Rogue One’: La humanización de Star Wars

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Reinaldo Chacón

La saga de Star Wars no deja de ser un gran universo de donde extraer nuevas historias, nuevos personajes y nuevos mundos para ampliar o complementar lo ya filmado. Una inagotable fuente de creatividad para los guionistas que buscan ser parte de la creación y productores que intentan ampliar las recaudaciones de una saga que sobrepasó ya los 7 mil millones de dólares, ocupando el tercer lugar por debajo de universo de Marvel y Harry Potter, primero y segundo respectivamente.

Sin embargo, esta vez la promesa recae en la derivación del intermedio de dos historias: Episodio III: La Venganza de los Sith (2005) y Episodio IV: Una nueva esperanza (1977). Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) primer spin-off de la saga, cuenta la historia de un grupo de rebeldes que decide realizar una misión de muy alto riesgo: robar los planos de la nueva súper arma del Imperio Galáctico, La Estrella de la Muerte, antes de que entre en operaciones, pues el futuro y esperanza de la Alianza Rebelde y toda la galaxia depende de su éxito.

Lo que parece un trabajo más sencillo que las anteriores entregas, por tener que concatenar una línea secuencial ya conocida, llegó a ser más complejo de lo esperado, especialmente por ser una historia muy corta, con una gama de personajes nuevos y una variedad de mundos como ninguna otra película ha mostrado en la saga, todo obra de John Knoll (CCO de Industrias Light & Magic, ILM) y Gary Whitta (guionista de El Libro de Eli (2010), After Earth (2013), y dos episodios de Star Wars Rebels (2016)) que se encargaron de rellenar esta historia entre ambos episodios.

Kathleen Kennedy, aún como productora principal desde la compra de Lucas Film por Disney, entregó el testigo de la dirección a Gareth Edwards (Godzilla (2014)) quien refrescó la perspectiva manufacturando una visión más humanizada de esta galaxia lejana. Apoyado con los guionistas Chris Weitz y Tony Gilroy, emplazan la narrativa a un campo más real y menos místico de la guerra de las galaxias. Los términos fuerza, jedi, sable de luz, son relegados esta vez para dar cabida a sentimientos que recaen en un grupo de nuevos personajes, y constantes y contundentes escenas de acción más terrenales. Tal vez, sea esto lo más débil del film, dado que la herencia que dejan los anteriores episodios son el gran peso de la religiosidad mística de la fuerza, elemento solamente nombrado en diálogos que pasan a ser repetitivos y redundantes, únicamente visible al aparecer, al final y por poco tiempo, el gran poder más allá de las armas del villano Darth Vader.

Edwards juntó un gran grupo de profesionales, en especial Michael Giacchino, que al parecer está tomando la batuta de relevo de John Williams, aunque hizo un mejor trabajo en Jurassic World (2015). Lograron una pieza cinematográfica técnicamente impecable. Sin embargo, Rogue One no terminó como un evento de la cultura pop como Episodio VII: El Despertar de la Fuerza (2015). Terminó siendo una especie de máquina del tiempo en dirección a los años 80, con su onírico efecto de producir continuamente elementos familiares (especialmente los espectaculares cameos de personajes queridos) para reconfigurar y reorganizar un pasado hacia la insinuación de un futuro preordenado y ya conocido. RCH

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