Mujeres al volante

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Thelma & Louise (1991, Ridley Scott) consiguió su pase a la historia por varias razones. Las evidentes, pero no por ello, seguras. Un director para entonces ya legendario, Ridley Scott. Dos actrices en plena gracia: Sarandon y Davis (han debido ganar el Óscar ex aequo) y un actor que daba sus pininos, Brad Pitt.

Las menos, una película en clave road movie con una huida hacia delante. Una road movie que dio un giro más a la ya modélica Easy Rider, sustituyendo la motocicleta por el no menos clásico Thunderbird. Un canto de libertad con un final ambiguo (trágico y al mismo tiempo poético), que de nuevo tiene aroma a clásico (pensemos en Butch Cassidy & The Sundance Kid). Los dos personajes, uno espejo del otro, que avanzan hacia polaridades distintas. Mientras Louise se quiebra, Thelma consigue la fuerza que ha necesitado desde el comienzo. El guion de Callie Khouri ofrece un recorrido por el relato moderno de Hollywood, colocando a la mujer en primer plano, convirtiéndola en el antihéroe más fascinante. Algo que, curiosamente, ya había avizorado el propio Scott en Alien el octavo pasajero (1979).

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