Robert Redford

Robert Redford cumple 80 años y los celebra no como el galán cinematográfico que fue, sino como un legendario abuelo y genio creador que supo oponerse al confinamiento de Hollywood para forjar no sólo un nuevo tipo de estrella cinematográfica más allá del Star System, sino también una nueva manera de encarar el cine y la obra cinematográfica.

El protagonista de Descalzos en el parque (Gene Saks, 1967); el colaborador indispensable de Sidney Pollack (trabajó con él desde Propiedad condenada, 1966) y amigo incondicional de Paul Newman y Jane Fonda consiguió hacer sus pininos al lado de –nada más y nada menos-, que Marlon Brando en La jauría humana (Arthur Penn, 1966).

Pronto se le convirtió en heredero del malogrado James Dean y también del propio Brando, pero Redford (18/08/1036), oriundo de Santa Mónica, California, había llegado para transitar otros caminos.

Aunque su físico fue una de sus mejores cartas de éxito, el intérprete aprendió pronto a elegir a contracorriente. Hollywood sufría una crisis de identidad, y el cine americano, presionado por las vanguardias europeas, sentía la necesidad de cambiar. A nuevas tendencias, nuevos directores y nuevos intérpretes. Redford junto a Jane Fonda y Paul Newman, Jack Nicholson, John Cassavettes, Gena Rowlands, Al Pacino, Gene Hackman, Faye Dunaway, Dustin Hoffman y Robert De Niro fueron algunas de las caras más visibles de ese cambio.

Las elecciones interpretativas de Redford lo llevaron a encarnar personajes ambigüos, pendencieros y dudosos. También solitarios, silenciosos, en una suerte de reescritura del clásico vaquero del oeste (El valle del fugitivo, Las aventuras de Jeremiah Johnson, El jinete eléctrico), uno de sus géneros predilectos y en algunos casos, devenido en héroe romántico a caballo (Memorias de África, El hombre que susurraba a los caballos).

Probablemente sus personajes más románticos a la fecha –que no son muchos en realidad-, sean Tal como éramos (Pollack, 1973) al lado de Barbra Streisand, El Gran Gatsby (Jack Clayton, 1974) junto a Mia Farrow y Karen Black; y las citadas El jinete eléctrico (Pollack, 1979) y Memorias de Africa (Pollack, 1985).

Pero en su filmografía hay que apuntar aún más alto. Con Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969) cerrando la década de los 60; el cine de los 70 lleva también su rostro con El golpe (George Roy Hill, 1974), Los tres días del cóndor (Pollack, 19750), una de las mejores cintas de espías a la fecha; y la legendaria Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), al lado de un roba tomas llamado Dustin Hoffmann.

La década de los 80 encuentra a un intérprete más ocupado en pasar detrás de l a cámara. Su estreno vino con Óscar incluido: Mejor director por Gente como uno (1980), film que también se llevó el óscar a la Mejor película. Y más adelante conseguiría un premio semejante por su trayectoria y también por su capacidad para alentar y fomentar la producción del cine independiente estadounidense desde el Sundance Institute y el Festival de Sundance. Probablemente, las dos grandes catedrales de su trayectoria profesional más allá de su propia filmografía.

Como realizador, Redford buscó mostrar su conciencia social más allá de los roles elegidos. Una manera de decir, de pintar su propio lienzo y su propia interpretación del mundo. A ratos de manera combativa y con miras a diseccionar sus puntos de vista políticos: El secreto de Milagro (1988),  Leones por corderos (2008), La conspiración (2010), Pacto de silencio (2012). O también de manera nostálgica y crítica, rebuscando en el pasado con héroes románticos y a ratos trágicos: El río de la vida (1992), La leyenda de Bagger Vance (2000). Por supuesto, no hay que olvidar probablemente el mejor de sus trabajos tras las cámaras -y también uno de los mejores de su actor protagonista: Ralph Fiennes): El dilema (1994).

Actor contenido, más bien silencioso, poco dado a la palabrería o a la explotación del gesto, Redford sigue trabajando casi imparable. Sosteniendo en solitario un film monumental como All it lost (JC Chandor, 2013) o prestando su aura a la hiperbólica Capitán América: Soldado de Invierno (2014). Ahora consigue contar fábulas infantiles en Mi amigo el dragón (2016) de la mano de David Lowery.

Twitter: @cinemathon

 

 

 

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