¿La gran evasión?

1Pans-Labyrinth

Robert Andrés Gómez

El Fantástico ha tomado las pantallas. No todas, pero casi. Se nota que el verano ha llegado a otras latitudes y otro tanto la sequía que manda en la cartelera local. Superhéroes, villanos, conejos, orcos, brujas, demonios, mutantes, aves furiosas y tortugas radioactivas protagonizan y/o dominan los relatos cinematográficos que se exhiben por estos días.

Amenazas extraterrestres, terrorismo internacional, posesiones satánicas y metáforas existenciales podrían ‘resumir’ las temáticas de semejantes películas. Y esto ya, son palabras mayores.

Desde que Peter Jackson rodara El Señor de los Anillos (la trilogía completa) y Chris Columbus materializara la adaptación de Harry Potter y la piedra filosofal; el Fantástico dio un salto sustancial: consiguió alojarse en la memoria y agenda de Hollywood como un género altamente exitoso.

Pero lo más importante, atrajo a algunos de los talentos creativos más importantes de la actualidad –delante y detrás de la cámara-, potenciando aún más sus capacidades narrativas, su hibridación genérica y sí, las historias por contar.

Desde entonces, el Fantástico ha hurgado y rebuscado en la Literatura, mitología (de aquí y de allá y más allá), el cómic, la televisión, el videojuego y claro, la inspiración original semillas narrativas que hoy inundan la cartelera.

Las capacidades de los talentos detrás de tales semillas y proyectos consiguen en gran parte de lo que llega las pantallas nuevas lecturas y relecturas de aquello que inquieta al ser humano desde siempre; esta vez convertido en metáfora de la distopia contemporánea. Del desasosiego y el desarraigo que devoran estos tiempos.

Los relatos cinematográficos cobijados bajo el paraguas de este género ilustran los temores de la sociedad post 11-S. También los sueños de futuro amargamente esperanzadores. Cuando no demoledores.

Las menos, mantienen en alto su filigrana tecnológica, ni qué decir lo que este subidón ha significado para los artistas de efectos visuales, diseño de producción, edición y sonido.

Todos a una, buscan ir más allá del entretenimiento absoluto, aunque sin renunciar a su función comercial. El escapismo en la sala oscura por mucho o muy simple que sea ya no es del todo posible. El Fantástico ha sido capaz de desembarazarse de ese callejón sin salida donde estuvo atrapado por mucho tiempo, abogando por decir mucho más, por desnudar los totalitarismos como si estuviesen alentados por la sombra de la totémica Metrópolis de Fritz Lang.

Guillermo del Toro, cultor absoluto del género mostró ya hace un tiempo esa potencia. Mostró lo que la imaginación es capaz de conseguir ante el avance de los abusos del poder. Ante el maltrato y la violación de los derechos. En El Laberinto del Fauno la joven Ofelia cruza el umbral de lo real para librar sus propias batallas. Para escapar al mundo al que pertenece. Cual Alicia, persigue un derrotero que le pedirá a cambio abandonar la infancia y asumir sin piedad y a costa de su vida, la madurez. Su premio, derrumbar las crueldades del mundo más allá del laberinto.

Twitter: @cinemathon

 

 

 

 

 

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