El amo del dinero

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Robert Andrés Gómez

El maestro del dinero (Money monster, 2016) se estrenó el pasado mayo en el marco del Festival Internacional de Cine de Cannes. Fuera de la competición oficial, la organización del certamen cedió los espacios de la alfombra roja para contemplar a Julia Roberts desfilando descalza, escoltada por George Clooney, Jack O’Connell y su realizadora: Jodie Foster.

La actriz cambia de registro en su cuarto largometraje como directora (antes ya rodó El pequeño Tate, A casa por vacaciones y El castor). Los dramas familiares han quedado aparcados por el momento, aunque queden referencias contextuales, para abordar la crisis económica y por sobre todo moral y ética de los personajes del film y de una sociedad que aún no consigue superar el vacío e inestabilidad que dejó la crisis financiera reciente.

El maestro del dinero ventila dos de los grandes miedos de la sociedad estadounidense: la ruina económica y el impacto de las armas. El descalabro del sueño americano aderezado, eso sí, por una de sus grandes pasiones: el espectáculo televisivo.

El de Foster es un film que reflexiona sobre la responsabilidad de los medios de comunicación frente a la realidad. Pero también es una suerte de juicio a ese poder mediático a medio camino entre el espectáculo y la noticia y la noticia espectáculo que cada día se enquista más en el corazón de los noticiarios del mundo, retando al poder de los ‘realities’. La noticia es entretenimiento puro, esboza la realizadora y actriz.

“No hacemos periodismo emboscada… no hacemos periodismo” afirma el personaje de Roberts no más arrancar. Un inicio que golpea y no poco. “Dónde está su dinero” asoma desde otro lado el personaje de Clooney, dibujando los caminos de la virtualidad y los cifrados que descomponen los bienes en un algoritmo inasible.

Entre esas dos frases se desarrolla la historia escrita a seis manos por Alan DiFiore, Jim Kouf y Jamie Linden. Los protagonistas del show: Lee Gates (Clooney), gurú del dinero, anfitrión del programa Money Monster, su productora (Roberts) y Kyle Budwell (O’Connell); quien ha perdido el patrimonio familiar invirtiendo según los consejos del moderador y que desesperado decide secuestrarlo para obligarlo a admitir la culpa de su ruina.

En adelante, lo que sigue es una ruleta rusa que intenta ir a contracorriente de lo que el espectador podría prever. Sin embargo, la maquinaria hollywoodense se impone a las sombras que Foster desea mostrar. Ni siquiera esa última bala,  en palabras del ‘villano’ en cuestión (Dominic West) logran levantar esa sensación de pérdida dramática que sufre el film en su último tramo.

Poco menos la actitud del espectador interior, acaso la más incómoda, que como público de lo que transcurre dentro del relato se mueve entre su propia adrenalida y su pasividad ante un hecho que altera la rutina pero que no termina con ella. Es entre estos dos puntos que la realizadora salva su mirada, aunque deba proseguir con el mandato de un poco elocuente ‘happy end’.

El maestro del dinero abandona su mirada crítica para convertirse en un fino espectáculo, pero incapaz de sortear las trabas que ese monstruo -convertido en un ojo escrutador en el plató-, marca al relato. El viraje moralizante echa por tierra no pocos buenos momentos, ni qué decir al menos media docena de frases elocuentes.

La emblemática persecución policial que genera vítores desde cualquier lugar en el que se vea, es sustituida acá por una larga caminata en pleno corazón de Wall Street, mientras el helicóptero pierde su mirada cenital a favor de esa cámara en mano que busca aproximar aún más al espectador al drama de los personajes.

Foster ha sacado provecho de sus experiencias interpretativas junto a David Fincher (La habitación del pánico) y Spike Lee (Plan oculto), consiguiendo imprimir un ritmo vigoroso a un drama social que borda así los linderos del thriller.

La elección del los intérpretes no ha podido ser mejor: dos adorados actores, presentados como falsos y cínicos personajes que el espectáculo y su buen hacer llevan al podio de los héroes.

Un poco más en el pasado, ciertamente la sombra de Tarde de Perros y Network, ambas de Sidney Lumet se proyecta sobre el film de Foster. Y un poco también la Mad City de Constantin Costa-Gavras y el intenso ritmo de The Newsroom la fantástica serie escrita por Adam Sorkin.

Del otro lado, el económico, El maestro del dinero engrosa una lista de películas que intentan explicar el caos financiero de Estados Unidos y la falta de escrúpulos que los responsables en administrar el dinero de los ciudadanos exhiben. Margin Call de J. C. Chandor y The Big Short de Adam McKay en la lista. To Big to fail de Curtis Hanson o la cruda Wendy & Lucy de Kelly Reichardt.

Twitter: @cinemathon

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Un comentario en “El amo del dinero

  1. Un trailer vertiginoso, que nos propone una explicación más íntima de lo que vivió gran parte de la sociedad norteamericana en la crisis económica de hace algunos años.

    A pesar de haber perdido las espectativas por ver otra película dirigida por Jodie Foster, definitivamente ha mostrado mejor cara como actriz, debo reconocer que me ha cautivado el trailer, hasta el punto de ofrecerme una oportunidad para contemplar un nuevo trabajo y discurso de esta nueva directora.

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