‘Mr. Holmes’: La última aventura

MrHolmes_trailerDetener el tiempo. Burlar el avance de la decrepitud. El deterioro del cuerpo, de la mente. El más reciente viaje de Bill Condon se amplifica cuando su cámara apunta a uno de los personajes más importantes de la Literatura universal: Sherlock Holmes.

Literatura dentro de la literatura. Condon adapta la novela de Mitch Cullin sobre el célebre personaje de Arthur Conan Doyle. Con guion de Jeffrey Hatcher, el realizador de Dioses y monstruos reclama una vez más la presencia de Ian McKellen para interpretar, en dos tiempos, a este detective crepuscular, aferrado a su existencia. También al ejercicio de su sagaz dialéctica y raciocinio.

Mr. Holmes es un canto de cisne. Pero es también una recreación literaria. Un viaje a dos velocidades entre el pasado y presente. Un viaje que busca saldar cuentas con el pasado y retar su anodino presente.

En el último recodo de su vida, el célebre detective vive apartado de la gran ciudad, en una casa de campo, con su apiario, su ama de llaves y el hijo de esta. Un niño que cual abeja se siente atraído por la sabiduría del patrón. Buscando, con pequeños acertijos, y curiosidad extrema, sacarle de su resignación, de su frustración.

Desde allí, y a través de la mirada infantil, Condon traza las líneas argumentales de su relato. La mirada del niño se bifurca a través de un diario, de la memoria del propio Holmes, de su viaje al lejano oriente en pos de una panacea que le devuelva el control de su cuerpo.

Al elegir ese punto de vista, Condon renuncia a las sombras del relato. Y también al género tradicional que acompañó al personaje en su versión original. Es pues, un relato romántico, a ratos juvenil (un vigor que también exhibieron los relatos de Conan Doyle), a ratos familiar que distancia un poco la mirada de aquél detective irrefutable, aún en el sabio razonamiento de su compañero Watson.

Aún a su pesar, Condon (siguiendo a Cullin, quien en cierto modo parece haber seguido también a Umberto Eco), le rinde los honores correspondientes. Su dirección, si bien, contemplativa, parece dejar el control a su intérprete principal.

Ian McKellen –ignorado por completo en las listas de premios que recién terminaron-, borda esa doble mirada sin aparente dificultad. Conciente de los dos tiempos que el personaje vive en este relato.

Y en cada tiempo, McKellen le ofrece a Condon dos grandes momentos. Uno frente al objetivo de sus pesquisas. Una mujer desesperada y solitaria tras la muerte de sus dos hijos. Una mujer convertida en una suerte de posibilidad, de sentimiento que Holmes acaricia con una enorme sutileza.

El otro, frente a la madre del niño, -Laura Linney-, el ama de llaves, que se resiste ante la fidelidad con su patrón y consigo misma y su hijo. Un conmovedor estallido que revela al personaje en toda su entereza y grandeza.

Condon entrega así un film sobre el miedo y la vanidad. Pero también sobre la soledad y el autoconocimiento. Mr. Holmes es una película que difícilmente se asome a las carteleras, menos aún en la actual situación que viven. Por fortuna, de cuando en cuando, asalta la pequeña pantalla, para seguidores del personaje, y de ese gran intérprete.

Twitter: @cinemathon

 

 

 

 

 

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