‘Samba’: un beso clásico

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Desde sus inicios con Les petits souliers (1999), Olivier Nakache y Eric Toledano han construido una filmografía sobre la fraternidad, la solidaridad y el reconocimiento del otro, con un espíritu de buena voluntad. Sometidos a realidades extremas, el acercamiento de este tándem francés a sus personajes y su entorno, no deja de ser amable. Como si quisieran resistir de la mejor manera posible la adversidad. Sea esta, la de un tiempo de niños, de un grupo de adolescentes, la de dos hombres extraviados en su soledad, o la de otros dos aparentemente separados por su condición social.

Los personajes de Nakache y Toledano son diversos. Un crisol de seres humanos que dibujan un paisaje emocional y étnico que hoy le da forma a la geografía francesa.

Intocable (2011) resume todo el espíritu de dicha filmografía. Ese deseo de subrayar las máximas francesas: Libertad, Igualdad, Fraternidad. No a la manera del realizador polaco Krzysztof Kieślowski (no tendría por qué), sino con cierto aroma a cuento de hadas, del bueno, no el aterrador, que concede a los príncipes –es en especial una filmografía al servicio de personajes masculinos-, una cierta reivindicación heróica.

Con Intocable, Nakache y Toledano rozaron el cielo. Nueve nominaciones al César. Un premio al Mejor actor para uno de sus protagonistas (Omar Sy) y el respaldo absoluto de los espectadores, dentro y fuera de Francia (la más taquillera en la historia de la cinematografía de ese país y también con una recaudación mundial más allá de los 400 millones de dólares).

Tras semejante récord, volvieron a las pantallas con Samba (2014), también protagonizada por Omar Sy, y respaldado por el buen hacer de Charlotte Gainsbourg, Tahar Rahim e Izia Higelin. Relato sobre la inmigración que se cuenta desde la perspectiva de su protagonista, un senegalés que va y viene a ambos lados de la frontera. La de París, y la de aquéllos centros de retención donde espera por una nueva oportunidad. Por la posibilidad de regularizar su situación.

El de Samba es un viaje irregular. Aunque no del todo trágico. Con la dosis de drama necesaria para ilustrar una situación que hoy, no admitiría una lectura semejante. Por el contrario más cruda, más desoladora.

Nakache y Toledano surfean por esas aguas sin querer sumergirse, no obstante, sus intérpretes, Sy y Gainsbourg (Anticristo, Ninfomanía…), hilan fino en sus propias lecturas, en sus respectivos retratos de los personajes a quienes dan vida.

Como Samba, Sy redefine su rol en Intocable, dejando que aflore una mayor fragilidad. La que termina comprometiendo al personaje de Gainsbourg, sumergido en la soledad de las ciudades. En la ausencia de una vida más allá de lo laboral, sin conexiones notables, una extraña en medio de su propio lugar. Gainsbourg roba por momentos toda la atención, con una contención capaz de mostrar las heridas, sin llegar al exceso.

Samba forma parte de la muestra de Cine Francés que ha regresado para su cinta anual en las pantallas locales, después de tres décadas de historias.

Twitter: @cinemathon

 

 

 

 

 

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