La mirada cenital

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Amenaza invisible (Eye in the sky, 2015), el film más reciente de Gavin Hood (Sudáfrica, 1963) probablemente tenga un terrible comienzo y un cierre irregular, no a la altura de aquéllo que el cuerpo del mismo encierra. En uno y otro extremo, las leyes de Hollywood ejercen su autoridad, lastrando un complejo debate moral que se lleva a cabo sobre la mesa, se esté donde esté.

Amenaza invisible es una batalla de incógnito con acciones a pleno sol. Cuyas consecuencias parecen desbordar la propia capacidad moral, legal y política de los involucrados, a todas luces, es el mundo entero.

La arquitectura de Hollywood se apura a reconfigurar las posiciones de poder y también las miradas aplastantes, virando hacia la mujer en los roles cruciales, dejando al hombre las posiciones más controversiales y en algunos casos vergonzosas. Eso sí, se cuida de reservar un punto de encuentro emocional de igual a igual en los personajes que asumen Aaron Paul y Phoebe Fox como los pilotos sobre los que se deposita la acción final.

Un poco más, establece una conexión con el espectador en esa metáfora, quizás muy transparente, donde el daño colateral de toda la trama se deposita en una niña, convertida en una clásica Caperucita Roja que sin saberlo, entra en la cueva del lobo.

En Amenaza invisible, Helen Mirren, Alan Rickman, Jeremy Northan, Aaron Paul, Iain Glen entre otros, asisten cada uno desde sus posiciones, a una operación que busca identificar y capturar a un grupo de terroristas en Nairobi (Kenia).

Hasta allí, el film no parece ofrecer un especial interés. No obstante, la operación se trastoca cuando se descubre que el grupo en cuestión se dispone a realizar un atentado suicida, y el viraje, moral, ético y politico es radical.

Es allí cuando Hood (quien se reserva un pequeño rol en el film), muerde y profundo. El fin cambia y también las consecuencias. El debate ético se enfrenta al debate de la responsabilidad y también del prestigio politico. En cada frente, los involucrados argumentan mientras que la mirada de Hood se hace más cínica y amarga, en tanto el lobby politico emerge con todos sus frágiles estructuras.

Así, el film termina convirtiéndose en un drama de suspenso que no tiene necesidad de disparar bala o misil alguno para atrapar el interés del espectador.

En cierto punto, el corazón del film recuerda por momentos a la batalla de los dioses que describía Homero en su célebe Ilíada. No en vano, el punto de vista cenital favorece esa lectura.

Amenaza invisible está lejos de mostrar la crudeza del terrorismo a la manera de Timbuktu (2014), Abderrahmane Sissako y el horror que emana de Beasts of No Nation (2015) de Cary Joji Fukunaga. Incluso está bastante lejos de la rudeza con la que el propio Hood rodó ese drama social llamado Tsotsi (2005) que le diera el Óscar al Mejor film en lengua extranjera.

Aún así, su construcción como drama político abre la puerta a una revisión de esa tara contemporánea que es el terrorismo, alentando la filmografía tras el 11-S. Pero también asomando un discurso cuando menos controversial sobre los discursos del poder.

Twitter @cinemathon

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