Casa de muñecas

0hero_Mustang-2015

Mustang (2015) de la realizadora de origen turco Deniz Gamze Ergüven fue una de las más gratas sorpresas del año pasado. Aplaudida en la Quincena de los realizadores de Cannes 2015, acumuló nominaciones por doquier; y más allá de la naturaleza y procedencia de su historia, se convirtió en la representante de Francia ante los premios de la Academia.

El film es una historia sobre la libertad individual y de género, y desde luego, una historia sobre la opresión. Representada en un hogar con cinco jóvenes adolescentes, sometidas al peso y excesos del patriarcado, en una suerte de cuento de hadas de espíritu aterrador.

El de Mustang es un viaje desde la luz hacia la oscuridad. Una bocanada de aire fresco que pronto se sumerge en la más cruda y agobiante castración.

El de Mustang no está lejos del derrotero que ya dejó ver el turco-alemán Feo Aladag en La extraña (2010). Historia de una mujer en fuga que lleva consigo a su hijo y arrastra una espiral de odio en contra que asoma una tragedia por venir. Una tragedia que se proyecta a partir de una larga sombra, sobre los personajes que retrata la directora. También es posible encontrar algún tipo de relación entre films tan emblemáticos como Las vírgenes suicidas de Sofía Coppola o la más reciente La habitación de Lenny Abrahamson, en sus respectivas reflexiones sobre la juventud y el destino de la juventud.

Volviendo a La extraña y Mustang, una y otra no son testimonios de un pasado remoto, sino por el contrario, dos historias contextualizadas en dos orillas, entre oriente y occidente. Dos relatos demoledores que en el caso de Mustang se multiplican por cinco, en un viaje metafórico, truncado y frustrado.

La realizadora pasa rápidamente de la inocencia y la alegría de la juventud, a un territorio oscuro, que conforme avanza el relato, se hace más y más sombrío. Como si ingresaran a una torre, con celadores inclementes, las jóvenes del film son sometidas ‘por su bien’, y el prestigio de la familia, del linaje, de su futuro a las vejaciones de una prisión doméstica. Sometidas a una vigilancia extrema y asfixiante que empuja a cada una de las jóvenes a tomar sus propias decisiones y a buscar las grietas posibles para encontrar sus respectivas libertades.

Su abuela, es también sin saberlo, una prisionera de los prejuicios, de su formación. El peso de la tradición se convierte acá en la llave que va levantando las barreras con el mundo exterior.

Un mundo que se viene abajo a partir de una inocente travesura juvenil, que despierta el escándalo en ese pequeño paraíso. Así, el hogar se transforma en el único espacio posible para la existencia, un espacio que se agranda o se achica en función de la imaginación o la frustración o la rebeldía. El de Mustang es un espacio agobiante como aquél que Henrik Ibsen retrató a través del drama de Nora, mujer objeto que se revela a la presión social, al lugar social al que ha sido confinada, muy a pesar del precio que debe pagar por ello.

Mustang llega a la cartelera local en el marco de la trigésima muestra de cine francés.

Twitter: @cinemathon

 

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