‘Batman V Superman…’ volver a empezar

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Batman V Superman: El origen de la justicia (2016), fue por mucho el estreno más comentado de lo que va de año. Ello sin contar los años de promoción que precedieron su llegada a la pantalla en una de las operaciones de mercadeo más vigorosas del cine reciente. El largo empeño ha tenido el éxito monetario esperado: 166 millones de dólares sólo en Estados Unidos a la fecha. Muy a pesar de las caras largas de su coprotagonista, Ben Affleck y de las agudas críticas que la cinta ha recibido.

Con sus valores cinematográficos a un lado, que los tiene –por momentos-, Batman V Superman: El origen de la justicia no es una película: es una franquicia. Su función narrativa está subordinada a una operación comercial ambiciosa. Su rol: reordenar -una vez más-, el clima de universos que convergen en una historia de superhéroes, más aún la de una larga lista de personajes legendarios que se mueven bajo la marca de DC Comics.

Así, lo que parecía una inesperada continuación de El hombre de acero –ahora convertida en una suerte de ‘precuela’-, es en realidad, el comienzo de un fresco descomunal que en el futuro dará buenas, mejores, regulares o prescindibles películas. Y también, será una cinta a la que volver recurrentemente buscando pistas (o despistes) que hilvanen esos filmes por venir.

Con ello Batman V Superman sacrifica sus valores como relato independiente. Renuncia a sus propios focos, fragmentándose y desgranándose a favor de otros, siendo irónicamente consecuente con el sacrificio que plantea su principal línea argumental: el enfrentamiento entre dos titanes icónicos.

Un enrevesado y dilatado derrotero que permite avizorar los futuros reboots (reinicios) de Supermán y Batman (ahora con Ben Affleck bajo el traje del murciélago), la primera aventura cinematográfica de La mujer maravilla (con fecha para 2017), o la suma de Sucide Squad (2016), Aquaman (2018), La Liga de la Justica Parte I y Parte II (2017 y 2019), Cyborg (2020) y poco más. Sin contar con los espejos que todo el relato podría articular a través del cómic o sus series y películas de dibujos animados.

Y con ello, por supuesto, adelantar líneas narrativas que pasan por el ‘despertar’ de Superman, o la aparente amenaza de Darkseid (uno de los villanos más potentes del universo DC, a quien los artistas de Efectos Visuales no han conseguido hacerle honor), el aparente cameo de la Legión y otras tantas más que llegan, curioso, desde los recurrentes sueños apocalípticos de Bruce Wayne/Batman o de sus propios tormentos.

De allí, que como entidad individual, el tercer film de Zack Snyder para DC Comics trastabille de cara a lo que debe contar. Pese a esa primera secuencia, pirotécnica y demencial, que tiene a su favor un nuevo punto de vista, esta vez el de Wayne, quien acapara quizás con exageración el metraje y desde luego, el punto de vista de la historia. Y donde su mejor apuesta descansa sobre los hombros de Holly Hunter y su personaje: la senadora Finch.

El guión de David S. Goyer y Chris Terrio desdibuja y no poco, la imagen del Hombre de Acero, sometido una vez más a conflictos existenciales que deberían estar ya superados de cara a esta ficción, o al menos en otro lugar. No contribuye a ello la Némesis de turno, Lex Luthor, reducido a una caricatura en las pieles de Jesse Eisenberg. Un acierto, la entrada de Gal Gadot en el entramado, dando peso y pozo a este relato fantástico. Al menos, eso es un hallazgo.

Twitter: @cinemathon

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