‘Spotlight’: Bajo el reflector

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Robert Andrés Gómez

En primera plana (Spotlight, 2015) es una historia sobre periodimo y sobre periodistas. Sobre periodistas en pleno ejercicio de sus funciones. Pero también en plena reflexión sobre el significado de su labor y más aún, una reflexión profunda sobre la ética de semejante profesión. Lo hacen a la luz, más bien, a las sombras de un hecho que todavía clama por manterse en el perfil más bajo posible, la oscuridad absoluta si fuera posible.

En primera plana es una historia real, dentro de una historia mucho más grande. Este detalle ha sumado y mucho a la hora de llevarse el Óscar a Mejor película y a Mejor guión original. Es también una historia compleja en sus flancos y detalles, pese a la ‘simpleza’ con la que sus autores han desarrollado la trama. Es, por mucho, una historia que ha sabido contenerse, eludiendo al máximo el morbo que un hecho semejante ha podido generar.

Tras eludir el camino fácil, Tom McCarthy (y su coescritor Josh Singer) han decidido dejar en el fuera de campo tanto a las víctimas como a los victimarios de esta historia. Al menos lo suficiente como para fijar su mirada puertas adentro de una redacción. Editores, jefes de información, jefes de sección, periodistas y/o reporteros, van construyendo una historia cuya dimensión va creciendo cual tsunami.

El film muestra en retrospectiva e itentando no dejar flanco suelto, la investigación que los periodistas del suplemento Spotlight del diario Boston Globe. Ese derrotero puso bajo el reflector los actos de pederastia que sacerdotes de Massachussets cometieron, sacando a la luz uno de los mayores escándalos que ha debido enfrentar la iglesia católica con no poca resistencia.

De a poco se van sumando más y más detalles, más y más datos, hilando fino en una historia coral que parece esconderse con desesperación. Llegados a este lugar, McCarthy también se resiste a los cantos de sirena. Ninguno de los involucrados se regodea de aquello que van develando y apuestan por la mesura. Aún en ese estallido que expone el personaje de Mark Ruffalo -Mike Rezendes-.

Tampoco se busca acá elaborar el retrato de unos héroes. En absoluto. De allí, que las interpretes no estén al servicio de ‘un’ momento, ni de su lucimiento, sino por el contrario, al servicio de una historia que requiere de ese justo hacer, casi anónimo, desapareciendo bajo la piel del personaje.

McCarthy demuestra una vez más su capacidad para dirigir actores y también para controlar el tono de un film sin que se escape lejos del tono de una vida normal. Lo ha hecho ya en sus cuatro largometrajes previos. Con mayor tino en The Stationt Agent (Vidas cruzadas, 2003) y The Visitor (El visitante, 2007) que en las más recientes: Win Win (2011) y Con la magia en los zapatos (2014).

En primera plana marca su regreso a una historia más sólida y también demoledora. Estrenada mundialmente en el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia (a unos cuantos kilómetros de la Roma papal), Spotlight finalmente ha conseguido su propósito, ya no sólo de conmover o emocionar, sino el deseo de reflexionar en serio sobre el mundo que vivimos.

Twitter: @cinemathon

 

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