‘Un día perfecto para volar’

Montserrat Fonseca

Un día perfecto para volar, de Marc Recha, España, nos presenta que un cuento contado a nuestros hijos es también el secreto y la magia de la paternidad, y este momento íntimo y único, es al que Marc Recha nos quiere hacer llegar. Desde un punto de vista naturalista, un adulto y un niño pasarán un día en el campo intentando hacer volar una cometa, paseando y hablando de plantas y animales y en especial con la narración de un cuento que el adulto contará al pequeño.

Este acercamiento a un instante fugaz lo notamos de manera vívida. Recha comunica muy bien estos sentimientos: el niño protagonista es su propio hijo, y esto hace más fuerte la sensación de compartir con ambos ese día al que parece que nos acercáramos y asistiéramos como inocentes voyeurs. La visión dominante es la de un adulto. Es aquí donde más claramente percibimos el punto de vista adoptado: esas gracias nos parecen divertidas a nosotros, pero nunca a un niño que las verá normales, lógicas. Esta bonita idea de la paternidad tal vez resulta insuficiente, así que dentro de ese naturalismo que hemos mencionado se incluye una nota final fantástica, amarga y triste, que nos aleja definitivamente del mundo infantil para adentrarnos en los fantasmas adultos. Su sentido se superpone de manera momentánea al del filme, y por un instante nos hemos alejado demasiado de ese día que se pretendía perfecto. Una fantasía de persona mayor que jamás cabría si mirásemos el mundo con los ojos de un niño.

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