Reflexiones al hilo de un festival

Una mirada retrospectiva a un certamen, -Donostia-, que también a una suerte de recorrido por el cine de 2015 y las tendencias que se avisoran a partir del mismo

Montserrat Fonseca

Muchos son los que escribieron sobre las carencias o el tono gris de la Sección Oficial de la 63 edición del Zinemaldia (Festival Internacional de Cine de San Sebastián), y no sólo de este festival, también en los previos europeos. En mi opinión y en una visión general, se ha visto buen cine, pues un festival es más que la sección oficial, ¿o no?

Sección oficial y Nuevos Directores, quizá dejaron desear algo más, aunque se pueden resaltar hermosas películas. Perlas mantuvo un nivel en general aceptable. Pero donde yo realmente pongo el acento en cuanto a la calidad, atrevimiento y belleza de las películas vistas, es en Horizontes Latinos.

Los premios recibidos en las festivales que participan, el gran reconocimiento del público que puede acceder a ellas, pues claro está, aquí surge otro gran problema, el de la distribución de cine tan lleno de fuerza, belleza y poesía. Quizá considerando el cine europeo, podemos pensar que es el cine nórdico, concretamente el islandés, es el que empuja con más fuerza, si no ven palmeres de Zinemaldia y de Seminci de 2015. De las 11 películas españolas presentes en la muestra, ninguna se llevo premio alguno. Es momento de repensar la calidad de nuestro cine.

Respecto a preguntarse sobre cuál es el papel de los festivales, más aún en un tiempo en el que el concepto de “película de festival” se está extendiendo, aparece la manida división de compartimentos estanco bastante peligroso. Por un lado está aquel cine que alberga propuestas mas rupturistas, innovadoras, que por su complejidad narrativa, visual o temática parece condenado a morir tras su paso por unos pocos certámenes (a veces salen más textos de crítica que espectadores). Por otro, está ese cine acomodado en una serie de convenciones que han demostrado su eficacia para llegar a un público masivo, evitando cualquier atisbo de singularidad que pueda resultar disuasiva a la hora de hacer caja.

Una de las cosas que más deberíamos valorar del panorama cinematográfico actual es la capacidad que atesoran ciertos autores no ya de reinventar historias ya contadas, sino de dotarlas de nuevos elementos que, sin alterarlas, nos proporcionen nuevas lecturas. Después de un siglo de cine, ¿está todo contado? Nos queda explorar si hay nuevas formas de hacerlo, nuevas propuestas, experimentación, mas innovación, atreverse con nuevos retos pero de calidad. Hoy hacer cine es más fácil tecnológicamente. Demuestra que detrás de esa propuesta hay un creador.

Es de valorar por lo tanto, la apuesta valiente del 63 Festival Internacional de Cine de San Sebastián, por seleccionar películas que abordan aspectos ‘diferentes’, tratados desde otro sitio, reivindicando lecturas y reflexiones desde otras perspectivas mas exigentes. Como por ejemplo, las rodadas en lenguas, no ya minoritarios, si no casi en riesgo de desaparecer (Kaqhiquel, Kawaskar); o el retrato de sociedades invisibles que son verdaderos cantos a los ‘otros’, a la naturaleza, a la tradiciones, a las raíces,.. en definitiva, a la belleza.

Películas japonesas, latinoamericanas, o vascas donde lo rural, la naturaleza, la tradición el progreso esa lucha, la incertidumbre, se ven tan bien reflejadas. En estos tiempos de desarraigo estas películas nos recuerdan con un lenguaje cinematográfico emotivo y cautivador el rol vital de las relaciones humanas, las del hombre con su entorno, con la naturaleza, con sus sombras y sus luces. Nos recuerdan el abismo al que podemos abocar. Aderezadas con briznas de esperanza de que si queremos,… ¿aún podemos ser los dueños de nuestro destino?

Otro cuestión que aflora en la actualidad cinematográfica que nos ocupa, ¿podemos decir que hay cine político o, tanto la política como el cine guardan silencio? En muchas ocasiones, hacer cine es una cuestión de poner el dedo en la llaga y apretar sin miedo. Tantear las heridas abiertas de una sociedad cámara mediante como en Mountains May Depart y Taxi Teheran, dos de las mejores cintas que pasaron por Perlas en esta edición del Zinemaldia.

Jia Zhangke y Jafar Panahi, sus respectivos artífices, son modelos claros de lo que es una mano maestra para trazar estampas con gran riqueza de tonos sobre los males de sus países: China y su conversión al capitalismo feroz, Irán y la omnipresencia de un régimen coaccionador. La georgiana Moira, elabora una eficaz lectura sobre las posibilidades de redención de un hombre recién salido de la cárcel apuntando a un elemento de fondo, el más determinante: el poder soterrado de la mafia que constituye, precisamente, una de las mayores problemáticas sociales de Georgia. En los casos reseñados, pese a ese componente de visión crítica hacia las preocupaciones nacionales, no se confecciona un discurso político. Se bucea dentro de los micromundos condicionados por ese contexto, dejando que sea la parte la que sugiera el todo. Se hace cine más bien social, pero ¿refleja el cine los importantes acontecimientos políticos y económicos que nos asolan aquí y ahora y, no solo revisiones de un pasado más o menos cercano? Difícil contestar.

Ver palmares del Zinemaldi

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