‘Puente de espías’: Spielberg a tope

bridge-of-spies-fall-moviesRobert Andrés Gómez

Su fama de Rey Midas le precede. Steven Spielberg es el director más legendario de los últimos cuarenta años en Hollywood. Al menos desde el estreno de Tiburón (1975). Por mucho que Avatar y Titanic de James Cameron ocupen el primer y segundo lugar dentro de la lista de las películas más taquilleras de la historia. Por mucho que George Lucas se mantenga firme en los primeros seis con La Guerra de las Galaxias. Por mucho que su E.T. El Extraterrestre haya descendido al onceavo lugar de esa lista y sólo figure en calidad de productor con Mundo Jurásico, la exitosa recuperación de la saga cuyo inicio Spielberg dirigió en 1993.

Es mucho lo que ha debido recorrer este realizador de origen judío, nacido en Cincinnati (Ohio, 18/12/1946) antes de conseguir que la crítica más dura reconociera su valía autoral. Incluso dentro de la Academia esperó hasta 1993 para que se le otorgara su primer Óscar al Mejor director por La Lista de Schindler, poco más de 20 años después de rodar su ópera prima.

Allá donde J.J. Abrams se banaliza, Spielberg consigue de manera natural plasmar sus ideas sobre esos pequeños mundos familiares e infantiles que dominan su obra. Incluso, es en las habitaciones de la Casa Blanca que su Lincoln adquiere mayor relevancia o bien en esos jóvenes perdidos y asustados, en medio de la Francia de la Segunda Guerra Mundial.

Steven Spielberg conjuga un talento extraordinario para entender las emociones del espectador, tanto o más que Alfred Hitchcock, y como éste, con una capacidad para conseguir la construcción y depuración de un universo y visión autoral con unas reglas morales y éticas que nunca se traicionan, ni siquiera en la más oscura y controversial de sus obras: Munich.

Si Clint Easwtood es hoy el más ‘fordiano’ de los realizadores estadounidenses, Spielberg ha sabido recoger el testigo allí donde Frank Capra lo dejó. Su película más reciente: Puente de Espías (2015), dialoga notablemente con aquella historia de caballería diplomática llamada Mr. Smith va a Washington (1939), que Capra dirigió con el protagonismo de James Stewart.

Hoy, Tom Hanks, en tanto James Donovan, el personaje protagonista de Puente de Espías, ocupa el lugar de Stewart como representante de la moral y la ética. Lo hace levantando las banderas de la Libertad y el Honor, recordando a los propios y extraños, aquello que su país representa.

Spielberg aprovecha la voz de Donovan para dialogar notablemente con el presente. Si Puente de Espías recupera un episodio de la política estadounidense en plena Guerra Fría, lo hace teniendo muy en cuenta, en todo momento, la crisis política de un mundo hoy igualmente dividido, peor aún, atomizado y fragmentado por el terrorismo.

El realizador es más que consciente sobre los tiempos que viven su país y el mundo. Sobre el ambiguo y pantanoso fondo que han pisado. Tras el ataque a las Torres Gemelas, la Guerra de Irak y el escándalo desatado por Wikileaks y más adelante, Edward Snowden; el director de El Imperio del Sol, hace un llamado de atención a las autoridades, a las instituciones. Eso sí, Spielberg fustiga, sin lapidar.

En su viaje, el realizador sumerge al espectador en un recorrido sombrío. De la luz omnipresente en la costa este del Atlántico estadounidense a la oscuridad de una Europa que comienza a dividirse ante el avance del comunismo. La amenaza nuclear, los mensajes cifrados, el muro de Berlín o los diminutos artilugios de un espía clásico recorren la pantalla por momentos, sembrando la notable tensión que va creciendo conforme avanza el relato.

Puente de espías es, sin duda, la mejor cinta de su tipo en lo que va de año. El año de Spectre y también de El agente de C.I.P.O.L. y lo consigue asomando las triquiñuelas y métodos de este (sub)género ya clásico, pero dejando casi todo ello en un amplio fuera de campo. Porque es poco lo que los dos espías más evidentes del film realizan, y mucho más lo que Donovan, un abogado de seguros convocado por el propio gobierno de los Estados Unidos y la CIA para defender e intercambiar agentes, debe hacer a favor de estos hombres y también de la seguridad.

Así, como el tránsito de Lincoln era una batalla de ideas, lejos del campo de guerra; Puente de Espías, se desarrolla entre despachos o la sala del jurado. Y es allí donde se cuece la mayor tensión de este cuidado trabajo.

El guión que escriben los hermanos Ethan y Joel Coen -sí, los Coen-, junto a Matt Charman no renuncia a entender el mundo de Spielberg, ni sus pequeñas grandes claves que representa el universo familiar del protagonista. Tom Hanks se luce con ello y todavía más, Mark Rylance (Intimidad), quien probablemente haya conseguido con su trabajo, la mejor interpretación masculina del año.

En mayor o menor medida, la película será una de las convidadas al Óscar.

Twitter: @cinemathon

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