Phoenix: La mirada del otro

PHOENIXRobert Andrés Gómez

Fénix (Phoenix, 2014) de Christian Petzold (Alemania, 1960) es, probablemente uno de los mejores films europeos de su año, y en el futuro cercano, en retrospectiva, seguro estará entre los mejores de la década. Se estrenó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián con un director que en solitario recibió con toda justicia los aplausos generales.

El realizador alemán es sin duda uno de los más notables creadores de su país, de su tiempo. Dueño de una sutileza envidiable, ajeno a las prisas. Constructor de dramas que de a poco van tejiendo una resolución sorprendente, aunque no efectista. El suyo es un cine intimista, que obliga a la revisión permanente del ser humano. La palabra es uno de sus mejores recursos, pero todavía más los silencios.

Fénix es un relato demoledor. Desafía con tremenda astucia la credibilidad del espectador y consigue dialogar de tú a tú con el mejor Alfred Hitchcock, -el de Vértigo-, bordando un suspenso tan frágil como emocionante. Y todo en favor de la desesperada búsqueda de su protagonista.

El film de Petzold escarba y a fondo, sobre un tema medular en la actualidad: la identidad. Quizás sea tan evidente decirlo que resulte redundante. Pero sí, en uno de los momentos de mayor desasosiego de la sociedad contemporánea, en pleno declive de la posmodernidad, existe el deseo de volver a colocar las cosas en orden. No es una toma de partido. No se trata de afirmar dónde o con quién se está. Sino de quién se es.

Y esa es la pregunta que la protagonista esquiva constantemente . Nelly Lenz (Nina Hoss), es una mujer, cuyo rostro ha sido destrozado por las torturas durante la Segunda Guerra Mundial, y que, una vez acabado el conflicto bélico, logra recuperarse medianamente, reconstruirse físicamente, pero sin que aquéllo alcance a levantar la reconstrucción interna.

Nelly es un ave caída, abrazada por el fuego del horror. Un ser destruido, hecho cenizas, aferrado tan solo a una idea. Su futuro no está en la tierra que se le promete más allá de Europa. Su futuro, piensa, está en encontrar a su esposo (Ronald Zehrfeld), y con él seguir adelante.

Así, Nelly no vela por sí misma, por su futuro en solitario. A partir de allí, su viaje apostará por el camino más ‘sencillo’: el camino del reconocimiento. El del otro, quien precisamente se niega a ello. Y así, entre un espacio y otro queda el vacío existencial de quien no puede reconstruirse hasta que no decide tomar el camino contrario, el propio, el del autoconocimiento.

Petzold (Yela, Bárbara) evoca en Fénix el viaje de Orfeo, pero esta vez desde la perspectiva de la malograda Eurídice, quien se niega a permanecer en el infierno. La música, y en esta caso, la voz, juega ese rol entre la tierra y el averno. Esa voz termina convirtiéndose en ese nexo con la realidad, con la vida.

Si en Bárbara el realizador reclamaba el compromiso con el presente, en Fénix apuesta por no olvidar el pasado. Mirarlo de frente para seguir adelante.

Fénix se exhibe en el marco de la Muestra de Cine Judío 2015 que recién ha comenzado.

Twitter: @cinemathon

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s