Viaje a la Tierra Prometida

“’El Marciano’ surgió de la premisa: ¿puede alguien sobrevivir en Marte?”. Al menos así lo ha contado Matt Damon, protagonista absoluto de la más reciente película de Ridley Scott, basada en la novela original de Andy Weir.

El Marciano, acá Misión Rescate, responde a favor dicha inquietud. Y cual Robinson Crusoe, Mark Watney (Damon), se dedica con empeño a sobrevivir y también a la conquista de un nuevo territorio, tan hermoso como agreste, tan vasto como hostil. Casi tres siglos después, Scott recorre el tránsito de Crusoe descrito por Daniel Defoe, dejando de lado lo políticamente incorrecto –algo que aún permanecía en Enemigo Mío (1985) de Wolfgang Petersen- y renunciando a los diálogos que Chuck Noland (Tom Hanks) sostenía con su ‘buen amigo’ Wilson en Náufrago (2000), a favor de una conversación directa con el espectador a pie de sala.

Damon, en tanto Watney, se dirige sin más a quienes esperan por presenciar su derrotero en el planeta rojo como quienes asisten al ejercicio vouyerista de un reality show. Todo ello con el marcador en contra, un tiempo que corre amenazando ya no sólo su estadía lógica y planificada, sino la que el personaje comienza a prorrogar gracias a su ingenio, conocimiento y espíritu.

Watney finalmente es un colono, como aquéllos que en carretera se dieron a la tarea de conquistar el Lejano Oeste; que aquí viste los trajes de un botánico para subrayar ese carácter fundacional, y como tal se comporta: el hombre contra los elementos y su deseo de domesticar la tierra y si es posible, más.

El relato de Scott sigue siendo épico, a la manera de Éxodo: dioses y reyes (2014) y un poco también como Prometeo (2012). Pero esta vez, es un relato que se distancia de su propia mirada. Las reflexiones religiosas y conceptuales que le ocupan constantemente han quedado fuera, aún más ese tono oscuro y pesimista que puede ser ’veneno’ para la taquilla, para su futuro.

Scott se despoja de ello, para concentrarse en un épico film de aventuras a la manera clásica del viejo Hollywood. Un cuidado trabajo de realización al servicio del entretenimiento absoluto, sin nada que interfiera entre la mirada industrial y el espectador. Scott se limita a dirigir (con pulso y divertimento) Algo que podría evaluarse en contraposición con la labor de George Miller y su desbordante Mad Max: Furia en la carretera (2015).

Podría decirse que El Marciano (Misión rescate), es el film más conservador del realizador de Los duelistas o Blade Runner. Sus ‘fracasos’ económicos, desde El consejero a Éxodo han podido animarle para llevar a cabo este proyecto que cumple a rajatabla con las premisas del Hollywood más industrial, donde no han faltado los guiños ( y acá uno muy grande sin miramientos) a China y su jugosa masa de espectadores.

En su descargo, hay que reconocer que en ese viaje al desierto marciano, Scott se despoja también de toda grandilocuencia y solemnidad a su relato. No estamos frente a las complejas peripecias de Interestellar de Christopher Nolan ni a las reflexiones metafísicas de Gravedad de Alfonso Cuarón. El de Scott es un relato directo, sin golpes de timón inesperados, con un personaje que renuncia a las trampas emocionales y un coro (los secundarios) que aterrizan el tono en la comedia más fresca e inocente.

Twitter: @cinemathon

El Marciano se mantiene en el tope de recaudación con 166 millones de dólares en USA. Lleva en cartelera cuatro semanas.

 

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