La mirada del otro

El cine venezolano ha conseguido un galardón histórico. Por primera vez en su historia de poco más de un siglo, un film nacional compitió por el León de Oro en Venecia. Y por primera vez lo ha ganado. Un jurado presidido por el mexicano Alfonso Cuarón (y también integrado por Hou Hsiao Hisen y Nuri Bilge Ceylán) ha reconocido dicha obra y la ha valorado frente a otras consideras ya como una catedral: Francofonía de Alexander Sokurov o Anomalía de Charlie Kauffman.

Desde allá, ópera prima de Lorenzo Vigas, es esa película. Un film que aborda la figura del padre ausente, la homosexualidad, la soledad y la desmesura de una Caracas (y Venezuela) signada por su polarizado y crítico presente político, económico y social. “La supervivencia cotidiana”, ha dicho su protagonista, el actor chileno Alfredo Castro, uno de esos monstruos interpretativos del cine latinoamericano, que en el film es secundado por el debutante Luis Silva.

El guionista y realizador mexicano Guillermo Arriaga comparte créditos de guión y producción con Vigas, quien el pasado jueves defendió el film en una jornada compartida con el también mexicano Arturo Ripstein, -en un pase fuera de concurso de La calle de la amargura-, la estadounidense Laurie Anderson y su Heart of Dog y el realizador canadiense Atom Egoyan y su relato sobre las sombras del nazismo: Remember.

Con tan prestigioso premio, Desde allá seguirá su periplo hacia San Sebastián donde competirá dentro de Horizontes Latinos y casi en paralelo, hacia Toronto, el certamen más joven pero también con una proyección de ventas y mercado considerables.

Desde allá no viaja sola. En San Sebastián coincidirá con Sobrevientes de Roger Calzadillza, quien compite en la sección En Construcción.

Como las dos anteriores, otras cintas venezolanas viajan por el mundo de un festival a otro. Dauna, lo que lleva el río de Mario Crespo, ha sido postulada a los premios de la Academia, después de particiar en la sección Native de la Berlinale, y también en Montreal.

De un lado a otro, el cine venezolano comienza a construirse una vez más, un espacio de cara a los certámenes internacionales, un espacio que si bien aún no se refleja de manera contundente en espacios comerciales, ofrecen una ventana para establecer los caminos de una cinematografía centenaria, pero por mucho tiempo invisible.

La naturaleza de ese diálogo aún está por decantarse. Las lecturas que se elaboran a propósito del tiempo que se vive y cómo calzan las propuestas nacionales dentro de los discursos regionales, América Latina, y por supuesto universales, tendrán que esperar un poco más, en una mirada retrospectiva.

Tras el realismo mágico y el realismo social, ahora desde Venecia y un poco antes se habla de ‘realismo sucio’ para describir cierta ‘ola’ de cine latinoamericano.

Lo que el eco de ese diálogo consiga traspasar a las audiencias más allá de los festivales, sean propias y extrañas, es también un discurso a seguir, toda vez que el cine atraviesa una de las tormentas creativas y tecnológicas más importantes y aparentemente sin final previsto. Esto es sus variantes de consumo y apropiación que pasan más allá de las salas y, claro está, de las fronteras.

@cinemathon

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