Fantásticos a pesar de todo

Defenestrada y casi ganadora del título a la peor película del año, Los 4 fantásticos (2015) de Josh Trank se conviertió en el más reciente intento fallido por convertir a uno de los más populares comics de superhéroes en un exitazo taquillero. Ni qué decir, en una pieza equiparable a verdaderos iconos de esta ‘subcultura’ cinematográfica: Superman (Richard Donner), Batman (Tim Burton), El Caballero Negro (Christopher Nolan) o El Hombre Araña 2 (Sam Raimi).

Sin reparar en lo que fue Los 4 fantásticos (1994) de Oley Sassone, el film de Josh Trank mantiene el espíritu de film familiar que subrayaban las dos entregas firmadas por Tim Story, con un añadido particular: el ‘rejuvenecimiento’ de los personajes principales. Esto es, convertir al veterano Reed Richards y sus tres paladines, en unos estudiantes universitarios con una particular cualidad: su inteligencia. Niños prodigio de la ciencia a tono con sus pares de The Big Bang Theory –con las distancias que la procedencia del material original marca-; pero también trazando un guiño con las producciones que Alfred Gough, Miler Millar o Greg Berlanti han desarrollado para CW (Smallville, Arrow, The Flash y ahora Supergirl).

Así, los referentes de Fox parecen estar ahora más cerca de un tono catódico que crea un desbalance notable en la apuesta. Los 4 fantásticos (2015) presenta visos más cercanos al piloto original de una serie de televisión que al propio cine grandilocuente e hiperbolizado que Marvel y DC Comics han terminado desarrollando como claves de este (sub)género.

Esto termina siendo revelador, porque entre esa ‘primera’ etapa que marcaron las primeras aventuras de Spider-Man a cargo de Raimi, los Hombres X según Bryan Singer y los propios Fantásticos de Story, los personajes de Trank quedan atrapados entre dos miradas como si fuesen incapaces de encontrar su propia identidad en este nuevo lustro, para ser más precisos, plantearse dicho dilema.

Si algo es transversal toda saga superheróica, pero particularmente en las que emergieron del genio de Stan Lee es precisamente esa mirada ante el espejo. Esa diferencia que está al borde de la monstruosidad que aterra al portador de cada poder y por ende, la asunción de ese poder como un bien a favor de la humanidad.

Frente a la condición de dioses y semidioses que maneja DC Comics, los chicos de Lee se aferran a su condición mortal a cada tanto. El film de Trank pasa superficialmente por estas convenciones, aunque se empeñe en contextualizar en exceso todo el nuevo universo propuesto.

Su condición de ‘reboot’ le permite tomarse las licencias del caso, especialmente tratándose de un comic. No obstante, le ha faltado entusiasmo y garra a la hora de explorar las posibilidades servidas. También de equilibrar con más tino esa estructura clásica que cuenta con un preludio en extremo largo y un cierre casi abrupto. Se pierde también Trank en dar mayor cuerpo a uno de los grandes villanos, -si no el más-, de la casa Marvel: Viktor Doom. Acaso Ben, La Mole, asoma maneras en su propio drama.

Twitter: @cinemathon

 

 

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