“Olive Kitteridge”

El pasado domingo la televisión estadounidense pasó una página. Sin que ello suponga el final de lo que se ha llamado su nueva “era dorada”, fue oficialmente el canto de cisne para no pocos espacios dramáticos y de comedia notables: Mad Men, Modern Family, Park & Recreations o el legendario The Daily Show -que en su último pase por el recinto de los Emmy recuperó todo su vigor a la hora de acaparar galardones-., bajaron el telón en una carrera de casi una década de éxitos artísticos y audiencias, nominaciones y premios.

La vuelta de página es aún más notable en tanto que los académicos lejos de dejarse arrastrar por la nostalgia de esos grandes shows, han preferido decantarse por la vitalidad de los que aún permanecen. Game of Thrones finalmente conquistó el galardón a la Mejor serie dramática; y VEEP el suyo como Mejor ser de comeida, un premio que a una y a otra se les había hecho esquivo ante la supremacía de otros que ya no están.

Pero pasada la revista a estas dos categorías, emerge probablemente como una de las tres grandes ganadoras de aquélla noche dominical Olive Kitteridge (seis premios Emmy), el delicado y duro trabajo de Lisa Cholodenko sobre la novela de Elisabeth Strout (con guión de Jane Anderson).

Como hace un par de años, el film de Cholodenko (The Kids are all right, 2010) habría podido formar parte de las sesiones festivaleras de Berlín, Cannes o Venecia, de la misma manera que Detrás del Candelabro (2013) de Steven Soderbergh lo hizo.

Concebida como una miniserie de 4 episodios (que HBO ha pasado de un tirón) Olive Kitteridge tiene la fuerza de las películas que en los 70 y los 80 arrebataban el Óscar a postores más estelares. En su quietud, en las costas de Maine, la historia de una maestra sumergida en la depresión y apegada a su cruda y dura ética personal ejerce un poder hipnótico sobre el espectador.

Desde Melvin Udall (Mejor imposible), no se había visto un personaje tan odiosamente adorable en pantalla. Olive es como esa polilla de espíritu suicida. Adora la luz, solo para terminar más hundida en su derrotero emocional. Apenas su esposo es quien tolera el exceso destructivo de la mujer, solo que pronto, ese apoyo da un sano punto de giro. Un punto de quiebre que asoma un nuevo camino. Aun y cuando en ese camino, la relación con su hijo continue siendo tóxica. Aún y cuando en el camino aparezca ese otro solitario, aparentemente optimista, interpretado por Bill Murray en un ultimo tramo que no deja de ser memorable, por corto que sea.

El de Cholodenko/Anderson/Strout es un relato que de lejos recuerda a los personajes de James L. Brooks. El ya mencionado Melvin Udall y también a la temperamental Aurora Greenway (La fuerza del cariño). Cholodenko subraya la aspereza y es más que inteligente al confiar el tempo de su trabajo al hacer de una actriz tan poderosa como austera en sus formas: Frances McDormand, quien aquí arropa con solo el rictus de sus furiosos labios.

Twitter: @cinemathon

 

 

 

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