Cine santo, santo Cine

EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO de P.P. Pasolini

EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO de P.P. Pasolini

Robert Andrés Gómez

En Semana Santa, el Cine, en realidad la Televisión, se reviste de clásicos. Una solemnidad bien habida sobre los hechos de Jesús y sus apóstoles. Relatos directos (Rey de Reyes, La más grande historia jamás contada, Jesús de Nazareth, El Evangelio según San Mateo) o indirectos (Ben-Hur, Quo Vadis?, La Biblia, Los 10 Mandamientos).

La aproximación de los clásicos retrata desde el melodrama el sacrificio de Jesús y los respectivos héores de cada film. La belleza plástica de las cintas subraya semejantes proezas con el estupendo hacer de realizadores como William Wyler, George Stevens, Melvin LeRoy, Anthony Mann, Cecil B. De Mille o una más reciente mirada a cargo de Franco Zeffirelli apuesta por la construcción de un fresco tan apasionante como conmovedor, con la esperanza de mantener en vilo al espectador y sostener el suspiro a cada palmo en el desolador via crucis.

Con el nuevo siglo, las miradas han cambiado. Incluso el retrato más clásico terminó siendo una dolorosa sacudida. La pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson consiguió mostrar un lado aterrador que contrastaba con la tragedia sublime de los clásicos.

Violenta como pocas, La Pasión… de Gibson sumergía al espectador en un estado hipnótico generado por el horror y de a poco, en la transfiguración y padecimiento propio del espectador sobre lo que transcurría en pantalla. Celebrada por ello, pero vapuleada por su mirada político-religiosa, la del otrora Mad Max fue una mirada subversiva al relato que el cine había construido hasta entonces.

Sin embargo, el relato de Jesús que llega desde Hollywood ha devenido en relatos paralelos que apuestan por la grandilocuencia desde otro lugar. El de los (super)héroes más aguerridos en busca de un espectador en busca de otras sensaciones. Noe de Darren Aronofsky, Cruzadas y Éxodo de Ridley Scott se abrazan a una hibridación de los géneros Histórico y Fantástico que bebe de éxitos fílmicos como El Señor de los Anillos y El Hobbit, o bien de fiebres catódicas como Juego de Tronos. En estas apuestas, el distanciamiento de la reflexión teológica es elocuente a favor de una elección comercial.

Más críticas y menos populares han sido las miradas que abordan las inquietudes de la fe desde la institución católica. Ejemplos rompedores y estremecedores –también apasionantes-, son Las hermanas de Magdalena (Peter Mullan), Amén (Costantin Costa-Gavras), La duda (John Patrick Shanley), Río Místico (Clint Eastwood), La cinta blanca (Michael Haneke), Phillomena (Stephen Frears), Ida (Pawel Pawelkowski), La religiosa (Guillaume Nicloux) o Marie Heurtin (Jean-Pierre Ameris). Textos que retumban en el espectador ante las interpretaciones y ejercicios que el hombre hace sobre la presencia de Dios en la Tierra. Miradas que pueden ser recibidas como incómodas, arrolladoras y desoladoras.

Entre unos y otros, el Cine propone su propia liturgia, esto desde su sala oscura, devenida en Catedral y espacio de representación.

Twitter: @cinemathon

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