Mario Moreno, el hombre y su retrato

Robert Andrés Gómez

Tardó en rodarse. Tanto como tardan la mayoría de las películas biográficas en realizarse. Los hechos reales, a ratos son más fáciles de rodar. Se asoman con mayor inmediatez a la pantalla que esas vidas que han tocado otras vidas. Si han sido famosas, un tanto más. Llevar al cine la vida de un hombre o mujer que tuvo un rasgo existencial que le otorgó determinada relevancia es tan difícil y espinozo como adaptar un libro popular. Cada quien tiene su propia idea, su propio retrato, su propio perfil elaborado.

Como María Félix, como Carlos Gardel, como Javier Solís –sólo por entrar en un estadio de la creación-, Mario Moreno ‘Cantinflas’ forma parte de ese Olimpo latinoamericano con una trascendencia mayor en la cultura popular. Tanta que el Diccionario de la Real Academia Española le consagró una entrada. Cantinflear es “Hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”.

El comediante que una y otra vez fue comparado con Charles Chaplin encontró en ese no decir nada, sus señas de identidad y en cierta manera, el silencio que le otorgaba como a Charlot, esa ascendencia para empatizar con el espectador.

Es quizás, cuando comienza a elaborar discursos, que el personaje va perdiendo valía y también sus mejores rasgos.

No obstante, antes, mucho antes de ese segundo aire que le llevó a rodar en colores algunos de sus mejores trabajos; Cantinflas, Mario Moreno, realizó una de las carreras más asombrosas para intérprete alguno en la región. Un viaje de 45 años que arrancó en 1937 con No te engañes corazón y terminó en 1982 con El barrendero.

El primer punto de giro no ocurrió en las carpas de circo, la Valentina o la Ofelia, que le formaron para lo que estaba por venir. Fue en el set de Ahí está el detalle (1940) de Juan Bustillo Oro que el milagro se hizo presente. Fue allí, cuando ese chato, vestido con harapos, un sombrero pequeño, un bigotillo negado a desaparecer, un cuerpo moviéndose al borde de la danza y esa sucesión de palabras que sin atragantarse eran incapaces de estructurar un predicado perfecto que Cantinflas lo hizo todo.

“Cuando yo pisé por primera vez la carpa –declaraba Mario Moreno al periodista Jorge Pulido en 1986 en un trabajo para la revita Última Moda– ya tenía definido mi personaje. Era uno de esos personajes típicos del pueblo, el peladito de la barriada, ingenioso y dicharachero. El sobrenombre se me ocurrió por lo mismo, porque yo no quería que mi familia se enterara que andaba en la farándula. Entonces me di a la tarea de encontrar un seudónimo que no fuera común. Me puse a descomponer varios nombres hasta que di con uno que fonéticamente me sonó chistoso: “Cantinflas”. No sé a ciencia cierta de dónde vino… Creo que fue de pantunflas… Vaya usted a saber de que cosa… Así comenzaron a anunciarme en los programas de mano y en las tandas de las carpas”.

Ya antes hubo señales de vida, pero sea producto de la observación, de sus años mozos en la colonia Guerrero, de su paso por el circo, de la aprehensión o de su propia leyenda, Mario Moreno sumó a su nombre un nuevo mote que recorrió no pocos kilómetros de pantalla en pantalla.

Ocurrió, curioso guiño del destino, el mismo año que Charles Chaplin dejó hablar a Charlot en El Gran Dictador.

Pronto Hollywood repararía en él y pronto con Hollywood dio, ahora sí, la vuelta al mundo junto a David Niven , Shirley MacLaine y una veintena de rostros, algunos de los más importantes del Séptimo Arte de entonces y aún hoy día: John Gielgud, Marlene Dietricht, César Romero, Noel Coward, Robert Morley, Peter Lorre, John Carradine, Buster Keaton, Red Skelton y Melville Cooper. Una nominación al Óscar y un Globo de Oro en mano también sumaron al saldo.

Pero para no ser injustos, Mario Moreno Cantinflas también danzó, luchó, amó y padeció junto a los grandes de este lado del mundo. A decir: Arturo de Córdova, Sara García, Silvia Pinal, Lupita Ferrer, Sonia Infante, Fernando Fernán Gómez, Mapy Cortés, Andrés Soler, Marga López y más.

Su vida personal, corría en paralelo. Una esposa, un hijo adoptivo, una familia. Sus matices fuera de la pantalla también. Son esos matices los que alientan el material repleto de grises como corresponde. Toda vida guarda esos espacios secretos y también esos múltiples retratos que nunca convergen en uno solo.

El propio Cantinflas siendo el mismo, fue también muchos otros. Incluso fue tanto Quijote como Sancho. Y sin embargo siguió siendo.

En la entrevista realizada por Jorge Pulido, el célebre actor lo explicó un tanto más.

“Cantinflas no lo hace su vestimenta con la que todo mundo lo identifica. Su pantalón caído a la cadera, la gabardina y el sombrerito, ciertamente responden a la época en que surgió el personaje. La esencia de Cantinflas es hoy por hoy la misma. Es la fisonomía de nuestra gente; es algo que yo traigo por dentro. Es el personaje que llevo desde que yo nací, con el que vivo ahora y con el que moriré algún día. Sin embargo, Cantinflas ha caracterizado a muy diversos personajes: el gendarme de barrio, el padrecito, el barrendero, e incluso, al mismito Sancho panza. Cantinflas es la esencia de mi pueblo, de mi gente, en cualquier época, lugar y circunstancias”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s