“Espejos”: del infierno al purgatorio

El cine coral no es muy frecuente en la cinematografía venezolana. Una de las estructuras más interesantes y que ha sostenido en gran parte la filmografía de realizadores como Robert Altman, Paul Thomas Anderson, Quentin Tarantino, Paul Haggis o Agnes Jaoui, permite elaborar retratos globales sobre dilemas íntimos, también sobre dilemas más exteriores pero con un golpe directo al corazón.

Altman, a la fecha, sigue siendo el realizador que mejor ha comprendido esta forma narrativa. Ya sea para reflexionar sobre la ambición (The Player), el miedo (Vidas Cruzadas), las relaciones sociales (Gosford Park), el arte (The Company) o la muerte (A Praire Home Companion).

Dentro de la cinematografía nacional, cintas como Amor en concreto (Franco De Peña), Elipsis (Eduardo Arias-Nath), Patas Arriba (Alejandro García Wiedemann), Caracas amor a muerte (Gustavo Balza), Día Naranja (Alexandra Szeplaki) y Pipi mil, pupú dos lucas (hermanos Enrique y Fernado Bencomo) transitan por esos derroteros que apuestan por una ruptura formal a partir de historias de personajes al servicio de un tema particular que nunca se pierde de vista.

En el último tramo del año, después de casi una veintena de estrenos venezolanos en la cartelera, llega a la cartelera el primer largometraje de César Manzano. Espejos (2015) se abraza a ese círculo coral para materializar un retrato de la decadencia moral y finalmente de la ética personal. Un retrato candente con varios reflejos cada uno en su propio infierno. Una temática que comparten con el film de los hermanos Bencomo, aunque a Manzano le interesa más la mirada al interior de las habitaciones más íntimas.

Los personajes que cruzan sus destinos en este viaje en caída vertical se conocen poco entre sí, algunos se afectan sin siquiera llegar a verse. El tramo a recorrer es tortuoso, incluso para el espectador, a quien el respiro le llega tarde. Tanto como a los personajes.

Sin referencias geográficas determinadas, Latinoamérica cuando más, la ópera prima de César Manzano construye triángulos a cada tanto, pequeños universos que van dando paso a otros: la infidelidad, la identidad sexual, el deseo, la traición, la corrupción, el crimen, la lealtad se miran acá en el espejo de la honestidad individual. Un valor que se resquebraja hasta propiciar el estallido.

Manzano hila su relato en una estructura episódica que le permite mirar dentro de estos personajes, hijos de un mismo árbol. La única rama torcida acá subsiste en esa mujer que enarbola banderas de justicia y que debe hacer frente al tsunami que se le viene encima. Curioso giro en los hombros de la actriz Isabela Santodomingo, que permite equilibrar ligeramente las cargas.

Las atmósferas del film subrayan la decadencia que sufren los personajes, dando forma a un melodrama sombrío, desmesurado en su tono por momentos. Un relato que, pese a esa pequeña brecha que se abre para dejar traspasar un poco de luz, evidencia el fracaso. Un fracaso que ni siquiera la purga a la que buscan someterse para escapar un tanto de sí mismos, conseguirá ayudarles. En todo caso, a ubicarles en el particular retrato. Esto es, si acaso, subir del infierno particular al purgatorio.

Twitter: @cinemathon

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