La pasión de Tornatore

Giuseppe Tornatore se convirtió en una referencia del cine italiano contemporáneo tras ese rompedor relato que entrelazaba un doble homenaje a la propia historia cinematográfica. El neorrealismo y el Hollywood más clásico, aterrizaban en un pequeño pueblo de Sicilia, transformando el viaje a Itaca, el regreso al hogar, en una sucesión de recuerdos olvidados, atesorados en ese espacio-tiempo pasado llamado niñez.

A partir de allí, arropado siempre en sus mejores momentos por los acordes de Ennio Morricone, Tornatore –al igual que Quentin Tarantino, pero con sus propias referencias-, en un director capaz de apropiarse de estéticas, géneros y vanguardias con total transparencia, siempre con el melodrama como ente superior de cara a atrapar al espectador.

Ese sello ha sido también el punto de quiebre de la mayoría de sus historias. Esa necesidad de pulsar la lágrima y al sentimentalismo tras desarrollar historias potentes, algunas con un transfondo político y social bastante crudo; otras reinterpretaciones de las formas clásicas de Hollywood y por ende, sendos homenajes a sus maestros.

De tal estirpe es La mejor oferta (2013) con guión del propio realizador, y quizás, la más exquisita de todas sus películas. Soberbia puesta en escena, microcosmos de un personaje tan poco amable para el espectador, como también un punto de partida para que éste comience a solidarizarse con él en su inevitable caída.

Virgil ‘Oldman’, es tal cual, un hombre viejo, al mismo tiempo, un viejo zorro, el mejor subastador de arte posible dentro de esta historia posible. Un ambicioso coleccionista que sucumbe ya no sólo a la ambición del timo y de poseer la obra preciada, sino también a convertirse en creador mismo, pigmalión absoluto de una obra propia. A decir, una mujer aparentemente presa de sí misma y de sus miedos.

Pese a su labor, el Oldman que interpreta con toda solidez ese grande llamado Geoffrey Rush, vive tras una muralla. Un completo aislamiento, el mismo que esa misteriosa mujer que le ofrece una doble posibilidad: la del amor y la del éxito, detrás de ese autómata imposible que como el cine de Tornatore bebe de todo el cine previo entre Hugo y Metrópolis.

El realizador avanza en ese juego de cazador cazado, detenténdose con cuidado en ese mundo contemplativo y vouyerista. El del protagonista, el del espectador. Reflexiona una vez más sobre el universo femenino, esta vez desde el misterio absoluto, desde la madurez, acá quizás, una nueva forma de retratar la infancia, tal es el derrumbe que experimenta el protagonista. Y sí, construye un film que hace guiños notables a las atmósferas de Hitchcock, mujer de doble cabellera entre medios inclusive.

No obstante, fiel a sí mismo, Tornatore de a poco fragmenta en dos direcciones ese relato que va a contracorriente del personaje dejando esa trama negra un tanto de lado para concentrarse en ese melodrama romántico, acaso su inevitable sello distintivo. Reconocible el sello, acá su mejor oferta, ha decir, su mejor regalo, es dejar que ese actor -Geoffrey Rush-, ofrezca una prueba más de su talento.

Twitter: @cinemathon

 

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